El corazón de Jesús, consuelo y fortaleza en las adversidades del sacerdote.


12 Feb
12Feb


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Composición del lugar. Imagínate, venerable sacerdote, que oyes a Cristo que te dice desde el Sagrario: 'Venite ad me omnes qui laboratis et oneratis: et Ego reficiam vos' Matth. XI, 28. 


Petición. Jesús y Redentor mío, dadme luz para conocer vuestra inmensa caridad, y gracia para que sólo en Vos busque consuelo. 


Considera, venerable sacerdote, que llegan días tristes y aciagos para los servidores de Cristo. Día de tribulación y de prueba en que uno se siente aborrecido, calumniado y perseguido de la tierra y abandonado del cielo, cuál sucedió a nuestro adorable Redentor. Días en que se cumple la promesa del Evangelio: 'Et eritis odio omnibus, propter nomen meum'  Matth. X. 

Sí, venerable sacerdote; si quieres de veras ser de Cristo, no faltarán ocasiones en que te veas perseguido de unos, despreciado de otros y abandonado de todos. Los que en la prosperidad te eran amigos, cuando llegue la tribulación te abandonarán, quizás engrosaran las filas de tus enemigos. ¿Qué harás entonces? ¿Abandonarte a la tristeza y desesperación? ¿Desahogar tu oprimido corazón y buscar consuelo en tus compañeros y los pocos amigos que te queden? No, venerable sacerdote: no te quejes con los hombres, no busques consuelo en ellos; porque hallarás desengaños en vez de consuelos. Entonces, más que nunca, debes oír la voz de Cristo que te dice: 'Venite ad me omnes qui laboratis et onerati estis; et ego reficiam vos.' 

Sólo Cristo puede darte consuelo y alivio, por cuanto es varón de dolores y perito en toda clase de enfermedades del alma y cuerpo. Acude a Jesús en el Sagrario, y postrado a sus pies, desahoga tu corazón y quéjate a tu sabor. Cuéntale una a una todas tus penas; muéstrale una por una todas las llagas de tu alma; y sin duda alguna, cumplirá su promesa y te aliviará. ¿De que modo? ¿Quitándote la cruz y confundiendo a tus enemigos? No es lo regular. Pero derramará sobre tu lacerado corazón una gota de su divina Sangre, que será el dulce bálsamo que mitigará tus penas. 

Te dirá que, porque eres suyo, te persigue el mundo; que si fueses del mundo, éste no te perseguiría. Te dirá que, del mismo modo y por la misma razón que persiguieron a El, te persiguen a ti. Te dirá que, cuanto más atribulado eres, más te pareces a El, y por lo mismo, más amado eres de Dios que ve en ti la imagen de su Hijo. Te dirá que, si le ayudas a llevar la cruz de la tribulación y persecuciones, El será tu deudor y amigo muy agradecido. Te suplicará que no le dejes sufrir solo las persecuciones de los impíos; y si es verdad que le amas, que no le abandones tú también, como le abandonaron casi todos sus discípulos en el Calvario. 

Y si tú te quejas, que te persiguen sin culpa tuya, que te calumnian sin razón, que te aborrecen sin motivo; te contestará como a San Pedro Mártir en semejante ocasión: '¿Y yo que he hecho para que me maltraten y crucifiquen los hombres?' Te dirá que no es una afrenta parecerse al Hijo de Dios; antes bien, una grande honra que El hace a sus amigos. 'Nimis honorati sunt amici tui, Deus'. En fin, serán tan dulces y suaves sus palabras, tan grandes sus consuelos, que no podrás marcharte de su presencia sin darle gracias por hacerte semejante a El, y sin rogar por tus enemigos y perseguidores. Meditalo y resuelve.  



Padre José Condó y Sambeat, "Escuela de perfección sacerdotal", página 187, año de 1914, 






Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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