Oh Sacerdote de Cristo que vives desterrado en el mundo.


28 Apr
28Apr


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Oh Sacerdote de Cristo que vives desterrado en el mundo, más que todo hombre por estar tu alma consagrada a la persona de Nuestro Divino Redentor: 'Juravit Dominus, et non poenitebit eum: Tu es sacerdos in aeternum secundum ordinem Melchisedech.' Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote eternamente según el órden de Melquisedec. Salmo 109, 4.

Venerable Sacerdote, eres otro Cristo, tu misión es la de Nuestro Señor Jesucristo, tan alta dignidad como ninguna en la tierra la llevas en un simple cuerpo humano, concebido en estado de pecado original, con las miserias propias de la naturaleza humana.

El Sacerdote no pertenece a la tierra, ni al cielo, defiende los derechos de Dios Nuestro Señor e implora la misericordia para la salvación de las almas, no está confirmado en santidad, pero vive y obra en él por vocación la segunda persona de la Santísima Trinidad. 

"El sacerdote, según la magnífica definición que da el mismo San Pablo, es, sí, un hombre tomado de entre los hombres, pero constituido en bien de los hombres cerca de las cosas de Dios [Hebreos V, 1], su misión no tiene por objeto las cosas humanas y transitorias, sino las cosas divinas y eternas; cosas que por ignorancia pueden ser objeto de desprecio  y de burla". Papa Pío XI, Encíclica 'Ad Catholici Sacerdotii' [10], 20 de diciembre de 1935.

Oh Sacerdote, vive y obra en ti Nuestro Señor Jesucristo, por eso tu vida es un misterio, eres amado y despreciado, te debes a Dios por el bien de los hombres de quienes recibirás, salvo sus honrosas excepciones, la indiferencia y el desprecio. 

"No te ruego, que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, así como tampoco yo soy del mundo." Evangelio de San Juan XVII, 15.


Consideraciones.


I.- La naturaleza humana del Sacerdote. 

El sacerdote nunca debe olvidar para mejor amar y servir a Dios Nuestro Señor y fundarse en la santa virtud de la humildad, la condición humana de su naturaleza inclinada al pecado, por ello debe confiar en Dios, desconfiar de si mismo, evitar las ocasiones, vivir santamente: "Porque lo que hago, no lo entiendo: porque no hago lo bueno que quiero: mas lo malo que aborrezco, aquello hago." San Pablo a los romanos VII, 15.

Las caídas, recaídas y  errores del sacerdote normalmente son por descuidos, abandono de sus obligaciones, espíritu de mundo, compañías mundanas; mientras conserve el estado de descuido espiritual apartado de su misión divina, continuará en los mismos errores, por lo cual debe hacer reformas en su vida, primero esta su salud espiritual, antes que las que han sido confiadas a su ministerio: "Lo corrompido y contaminado en manera alguna puede servir para dar salud, y allí, donde falta la santidad, inevitable es que entre la corrupción." Papa San Pío X, 'Haerent Animo' [3], 4 de agosto de 1908.

El sacerdote está sujeto a las tentaciones, enfermedades, ilusiones, caídas, para lo cuál debe entenderse, comprender su naturaleza humana para desconfiar de sí mismo; entender su vocación divina y consagrarse a Dios en bien de las almas, recordando siempre: ¡Primero esta Dios, después la criatura! 

No permitas descuidar tus oraciones y tu vida espiritual, porque ese descuido te ha de conducir a tu perdición eterna si no enmiendas el camino.

"Hasta este extremo pueden llevarte esas malditas ocupaciones si, tal como empezaste, siguen absorbiéndote por entero sin reservarte nada para ti mismo. Pierdes el tiempo; te diría que te agotas en un trabajo insensato con unas ocupaciones que no son sino tormento del espíritu, enervamiento del alma y pérdida de la gracia. El fruto de tantos afanes, ¿no se reducirá a puras telas de araña?..." Del Tratado sobre la Consideración. Libro I: Carta de San Bernardo de Claraval al Papa Eugenio III.


II.- Ocúpate de las cosas de Dios. 

Oh Sacerdote de Cristo, jamás podrás hacer la obra de Jesucristo Nuestro Señor con el espíritu del mundo, sin la oración y sin la gracia de Dios; recuerda que, aunque seas sacerdote, debes corresponder al sacerdocio con la vida de santidad o al menos en camino de santidad por los medios ordinarios, como lo son: lectura espiritual, frecuente confesión, estudio sagrado, meditación de las verdades eternas, retiro espiritual, vida de gracia, amistades santas, vida de oración. 

Un Sacerdote sin la gracia de Dios, que no lucha por su santificación es una verdadera lástima, un hombre que será infeliz porque no quiere luchar ni trabajar por la vocación que libremente acepto el día de su ordenación sacerdotal.

El Sacerdote debe trabajar cada día por su fidelidad a la Santa Madre Iglesia Católica, quedando muy claro: no a los hombre de Iglesia que pueden errar y conducir al infierno, sino, fidelidad a la Santa Iglesia, a Roma eterna, a Nuestro Divino Redentor.

"Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aun más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la medula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre." Papa San Pío X, Encíclica: “Pascendi” [1], 8 de septiembre de 1907. 


III.- El enemigo del sacerdote es el pecado. 

El peligro inminente del Sacerdote es el pecado, es la muerte de su alma, de su vocación, de su ministerio, de la razón de su existencia: "Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? no vale ya para nada, sino para ser echada fuera, y pisada por los hombres." Evangelio de San Mateo V, 13.

Grande es la misericordia, amor y predilección que Dios Nuestro Señor tiene para cada Sacerdote, pronto busca remediar sus caídas con la gracia del sacramento de la confesión; son muchas las gracias que tiene, lleva los tesoros de Dios para cumplir su misión divina. 

¿Cuánto no es combatido el Sacerdote por el mundo, demonio y carne? Nadie en la tierra es atacado tan insistentemente como el Sacerdote de Cristo, por lo cual no seas tan cruel oh sacerdote contigo mismo en tus caídas, hierros y equivocaciones; no confíes en tí, ocúpate de cumplir tu sagrada misión, reza el santo breviario, el santo sacrificio del altar, eres tu el primero en recibir las gracias de estado para tu misión sublime.

"Los clérigos ordenados de mayores, a excepción de aquellos de quienes se habla en los cánones 213 [Los que legítimamente han sido reducidos o se han vuelto del estado clerical al laical...] y 214, están obligados a rezar íntegramente cada día las horas canónicas." Código de Derecho Canónico, No. 135.  


IV.- Las fortalezas del Sacerdote.

El Sacerdote debe aprender cada día a vivir como Sacerdote, si su instrucción fué deficiente, debe suplir la ignorancia con el estudio constante de las enseñanzas de la Teología Dogmática, Moral, Ascética Mística, Pastoral, Derecho Canónico, Historia de la Iglesia; además del libro por excelencia: Las Sagradas Escrituras. 

A falta de maestros en la vida espiritual, busque los libros de los grandes Santos dedicados ex profeso al Sacerdote, beba en la sabiduria de los libros sagrados las enseñanzas que puedan faltarle en la actualidad.

Cuide de los sentimientos, ilusiones y deseos humanos, que detrás de ellos se encuentra Satanás, sembrando la condenación eterna por medio de ideas e ilusiones vagas y aparentemente justas.

Si es difícil asistir a los retiros espirituales, procure cada uno en su casa, Iglesia o lugar donde vive tener al menos cada semana una tarde o mañana de retiro, entregado en el silencio a la oración, lectura espiritual implorando la santa misericordia de Dios Nuestro Señor. 

"La corrupción de los mejores es la peor; Grande es la dignidad de los sacerdotes, pero grande es su caída, si pecan; alegrémonos por su elevación, mas temamos por su caída; no es tan alegre el haber estado en alto, como triste el haber caído desde allí. Muy desgraciado, por tanto, el sacerdote que, olvidado de sí mismo, no se preocupa de la oración, y jamás vuelve dentro de sí para escuchar la voz de la conciencia que le acusa." Papa San Pío X, 'Haerent Animo' [18], 4 de agosto de 1908.


V.- Verdadera devoción a la Santísima Virgen María.

El Sacerdote debe incansablemente trabajar por tener la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, la cuál puede aprender en el libro de San Luis María G. de Montfort: 'Tratado de la verdadera devoción'. 

Aplicarse cada día a rezar el santo Rosario despacio, con atención, de preferencia de rodillas y con el santo Rosario en las manos: "Es preciso rezar el santo Rosario con modestia; es decir, en cuanto se puede de rodillas, con las manos juntas y entre ellas el Rosario." San Luis María G. de Montfort, 'El secreto del Rosario', rosa XLV. 

Nunca se desanime en su camino sacerdotal, tome de su mano el poder del santo Rosario, la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, encomiéndese a la Bienaventurada Siempre Virgen María,  algún día con su perseverancia y buena voluntad alcanzará la vida eterna por el Santo Rosario de la Santísima Virgen María. 

Recuerde sacerdote de Cristo, no espere que las cosas cambien solas, Usted debe trabajar incansablemente, debe ocuparse primero en su santo breviario, santa misa, vida santa, el mundo y la gente que espere; más hace un sacerdote con la oración oficial de la Iglesia en estado de gracia que mil hombres entregados al cuidado de los hombres en pecado mortal.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.

 

Dios te bendiga.









Ave María Purísima, sin pecado original concebida.











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