¿Por qué los sacerdotes abandonan el sacerdocio?


02 May
02May


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




El sacerdote católico es un ser humano nacido en estado de pecado original, con una libre voluntad limitada por su formación, idiosincracia, conocimiento limitado.

"El sacerdote, según la magnífica definición que da el mismo San Pablo, es, sí, un hombre tomado de entre los hombres, pero constituido en bien de los hombres cerca de las cosas de Dios [Hebreos V, 1], su misión no tiene por objeto las cosas humanas y transitorias, sino las cosas divinas y eternas; cosas que por ignorancia pueden ser objeto de desprecio  y de burla". Papa Pío XI, Encíclica 'Ad Catholici Sacerdotii' [10], 20 de diciembre de 1935. 

El sacerdote hace las veces de Nuestro Señor Jesucristo, tiene los poderes de Dios para la salvación eterna de las almas, para lo cuál debe ser Alter Christus, en esa medida será su santidad de vida.

La vida del sacerdote radica en el amor a Dios Nuestro Señor, el cuál se manifiesta en el cumplimiento de los mandamientos, de sus obligaciones de estado, en la inmolación de su vida como víctima inmaculada en holocausto de amor. 

La medida del amor es la santidad de vida y costumbres, el amor que busca en todo los intereses de Nuestro Divino Redentor, aún a costa del sacrificio de su vida. Et si habuero prophetiam, et noverim mysteria omnia, et omnem ita ut montes transferam, charitatem autem non habuero, nihil sum. 

"Y si tuviere profecía, y supiere todos los misterios, y cuanto se pudiere saber: y si tuviese toda la fe, de manera que traspasase los montes, y no tuviere caridad, nada soy."  Epístola de San Pablo a los Corintios XIII, 2. 


Consideraciones.



1º El sacerdote es una víctima de amor. 

Nuestro Señor Jesucristo ofreció su vida en sacrificio para redimir al hombre: "Qui propter nos hominis et propter nostram salutem descendit de coelis et incarnatus est". Dz 86. El sacerdote que es Alter Christus, hace las veces de Nuestro Señor, perdona en su nombre, consagra, ora, debiendo ser movido en todo por los intereses divinos. 

El mayor bienhechor del hombre es Dios, sin embargo Nuestro Señor Jesucristo padeció la traición de su pueblo, juicios falsos, ser entregado por Judas con ósculo sacrílego, azotado cruelísimamente, escupido, coronado de espinas, cubierto de oprobios, crucificado, levantado en una cruz entre dos ladrones, herido con una lanza hasta morir. ¿Que puede esperar el sacerdote?... "Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán: y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre." Evangelio de San Mateo XXIV, 9. 

El sacerdote infectado de amor de sí mismo, que busca en todo su beneficio, su provecho, va por camino de perdición aunque sea alabado del mundo, porque el sacerdote puede llegar hasta el desprecio de Dios si pierde el amor a Nuestro Divino Redentor. 

"Dos amores construyeron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio a Dios hizo la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de si mismo, la ciudad del cielo. La una se glorifica a sí misma, la otra se glorifica en el Señor. Una busca la gloria que viene de los hombres [San Juan V,44], la otra tiene su gloria en Dios, testigo de su conciencia."  San Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios XIV, 28.

 


2º ¿Por qué el sacerdote abandona su ministerio?

La causa, raíz y origen de que un sacerdote abandone su sacerdocio es por la falta de amor a Dios Nuestro Señor, lo cuál se ve envuelto en una madeja de argumentos y circunstancias que pueden justificar o hacer razonable ciertas decisiones a los juicios de los hombres. 

Cuando falta el amor sobran razones humanas para justificar el abandono, la claudicación del ministerio sacerdotal. 

En cada sacerdote que abandona su ministerio, encontramos una interesante historia de injusticias, ingratitud, falta de correspondencia, depresión personal; a lo cuál vienen los pecados, la ignorancia y falta de conocimiento del sacerdocio víctima de amor, finalmente le es imposible a un hombre sostener el sacerdocio con sólo las fuerzas naturales. 

Algunos sacerdotes faltos de ciencia ascética mística, abandonan el sacerdocio por su reincidencia en el pecado mortal, fruto de una vida desordenada saturada de muchas infidelidades a la gracia de Dios en una conciencia llena del amor a su propia excelencia que busca en todo su beneficio, que no le interesa luchar ni humillarse por el único amor del sacerdote: Dios Nuestro señor. 

"En nuestros días ocurre con frecuencia que los miembros del clero se van poco a poco cubriendo con las tinieblas de la duda y llegan a seguir las tortuosas sendas del mundo, principalmente por preferir a los libros piadosos y divinos todo género de libros bien diversos y hasta la turba de los periódicos saturados de sutil y ponzoñoso error. Guardaos, queridos hijos; no os fiéis de vuestra edad adulta y provecta; no os dejéis engañar por la falaz esperanza de que así atenderéis mejor al bien común... luego de empapada el alma de este veneno, muy difícil será evitar las consecuencias de la ruina causada." Papa San Pío X, Exhortación apostólica: 'Haerent Animo' [15], 4 de agosto de 1908. 

El sacerdote no le basta la buena intención, debe estar instruido que al interior de la Iglesia existen hombres malos como Judas "el traidor", algunos en cargaos de autoridad  se ocupan en destruir el sacerdocio con apariencia de hacer el bien, destruyen la Iglesia aparentando al exterior ser buenos:

"no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados... 

so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la medula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia... 

ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia." Papa San Pío X, encíclica: 'Pascendi Dominici Gregis' [1 y 2] de 8 de septiembre de 1907.



3º Causas que originan la muerte del amor del sacerdote a Dios Nuestro Señor.

El sacerdote que bajo cualquier motivo descuida su trato con Dios Nuestro Señor, descuida su vida espiritual, abandona insensiblemente su lectura espiritual, el estudio de la teología católica, sus confesiones, llegando a caer en una rutina la vida interior, volcando por completo a la exterioridad, so pretexto del cuidado pastoral y del exceso de trabajo en bien de las almas; cierto que termina por abandonar la vida de gracia y por corromper cuanto hace. 

"si, le sacerdote descuida su santificación, de ningún modo podrá ser la sal de la tierra, porque lo corrompido y contaminado en manera alguna puede servir para dar la salud, y allí, donde falta la santidad, inevitable es que entre la corrupción." Papa San Pío X, Exhortación apostólica: 'Haerent Animo' [3], 4 de agosto de 1908. 

El sacerdote católico se debe a Dios antes que a los hombres, por encima de los hombres de iglesia que pueden errar y conducir a la perdición eterna, debe tener la doctrina solida fundada en el Magisterio inerrable de la Santa Iglesia Católica, vivir en gracia de Dios [si ha cometido errores, vivir luchando constantemente por la gracia y amistad de Nuestro Divino Redentor].

"La corrupción de los mejores es la peor. Grande es la dignidad de los sacerdotes, pero grande es su caída, si pecan; alegrémonos por su elevación, mas temamos por su caída; no es tan alegre el haber estado en alto, como triste el haber caído desde allí. Muy desgraciado, por lo tanto, el sacerdote que, olvidado de sí mismo, no se preocupa de la oración, rehúye el alimento de las lecturas piadosas, y jamás vuelve dentro de sí para escuchar la voz de la conciencia que le acusa." Papa San Pío X, Exhortación apostólica: 'Haerent Animo' [18], 4 de agosto de 1908.


4º Consejos para mantener


En la vida del sacerdote habrá errores, caídas, recaídas propias de la miseria humana, pero debe cuidarse de no  abandonar sus obligaciones para con Dios Nuestro Señor, luchar cada día por vivir sacerdotalmente, conforme a los consejos de la Santa Iglesia Católica:

1º "Que todos los clérigos purifiquen frecuentemente su conciencia en el sacramento de la penitencia; que dediquen cada día algún tiempo a la oración mental, visiten al Santísimo sacramento, recen el santo Rosario a la Virgen Madre de Dios y hagan examen de conciencia." Código de derecho canónico, canon 125. 

"Los clérigos ordenados de mayores, a excepción de aquellos de quienes se habla en los cánones 213 [Los que legítimamente han sido reducidos o se han vuelto del estado clerical al laical...] y 214, están obligados a rezar íntegramente cada día las horas canónicas." Código de derecho canónico, canon 135.   

"Los clérigos, una vez ordenados de sacerdotes, no deben abandonar los estudios, principalmente los sagrados; y en las disciplinas sagradas seguirán la doctrina más sólida recibida de los antepasados y comúnmente aceptada por la Iglesia, evitando las profanas novedades de palabras y falsamente llamada ciencia." Código de derecho canónico, canon 127. 

 "Los clérigos ordenados de mayores no pueden contraer matrimonio y están obligados a guardar castidad, de tal manera que, si pecan contra ella, son también reos de sacrilegio." Código de derecho canónico, canon 132. 

"Guárdense los clérigos de tener en su compañía o frecuentar de manera alguna el trato de mujeres sobre las que pueda recaer sospechas." Código de derecho canónico, canon 133. 

"Todos los sacerdotes seculares deben, cada tres años al menos, hacer ejercicios espirituales". Código de derecho canónico, canon 126. 

"Vistan todos los clérigos traje eclesiástico decente, según las costumbres admitidas en el país y las prescripciones del ordinario local." Código de derecho canónico, canon 136. 




“Sacerdotales viros querimus, qui plures habemos Sacerdotes: plures inquam numero non merito: simulationes non fide: specie non virtute: sunt enim lotis manibus, tamen illotis operibus.”

“Muchos sacerdotes tenemos y pocos sacerdotes: muchos en número, pero pocos en el mérito: muchos en la apariencia, pocos en la realidad: muchos en especie, pocos en virtud: de limpias manos, pero de sucias obras” San Bernardo, Sermon I in Coen. Domini.






Ave María Purísima, sin pecado original concebida.








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