Reglas para mejor rezar el santo breviario.


09 Oct
09Oct

Reglas para mejor rezar el santo breviario.

Abate H. Dubois

1.- Que nuestra conducta en conjunto sea santa y verdaderamente sacerdotal. Vivamos habitualmente en el temor y amor de Dios, y sea una ley para nosotros corresponder fielmente á su gracia en todas las cosas. Nuestras disposiciones, con respecto al oficio divino, estarán en relación perfecta con nuestro grado de santidad y de perfección. El mal sacerdote, el tibio, reza descuidada y fríamente; el buen sacerdote con un poco más de piedad, sólo el sacerdote santo lo reza como debe rezarse.

2.- No miremos el breviario como un peso penoso, sino como un ejercicio que tiene sus dulzuras y sus alegrías cuando se ejecuta santamente. No lo consideremos sólo como una deuda que hay que pagar, sino como un medio de santificación para nosotros y para los demás.

3.- Recordemos con frecuencia el precepto que nos obliga á rezarlo y á rezarlo bien; pues olvidamos demasiado pronto lo que esta obligación tiene de grave é imponente.

4.- Estemos perpetuamente en guardia contra la rutina.

5.- No recemos el oficio inmediatamente después de una viva emoción producida por un sentimiento de alegría, de inquietud ó de turbación, cuando veamos que este sentimiento absorbe de alguna manera nuestras reflexiones. En tales circunstancias, rezaríamos en un perpetuo estado de distracción, maquinalmente y sin piedad.

6.- Escoja para rezar el oficio divino un lugar conveniente y solitario.

7.- Hagamos siempre, antes de empezar, algunos momentos de preparación mental.

8.- Tomemos la costumbre de rezarlo de rodillas. Es un grave error creer que la actitud exterior no tiene importancia, y se verá que se está más satisfechos con los oficios durante los cuales se tenga una postura decente y respetuosa.

9.- Por la misma razón, debemos evitar rezar el oficio en la cama, no estando enfermos, ó tendidos en una butaca, ó con las piernas cruzadas, ó cualquier postura inmodesta, que nos apresuraríamos a dejar si entrara una persona cualquiera.

10.- Estudiemos con cuidado nuestras rúbricas y no interrúmpanos jamás el oficio por causas frívolas. El desprecio de estas reglas acusa siempre un fondo de ligereza que no debe tener un sacerdote.

11.- Seamos fieles en rezar el oficio á las horas marcadas: LAS PEQUEÑAS HORAS LO MÁS PRONTO POSIBLE POR LA MAÑANA; VÍSPERAS Y COMPLETAS DESPUÉS DEL MEDIO DÍA; MAITINES Y LAUDES POR LA TARDE, CUANDO ESTÉ PERMITIDO COMENZARLOS. No faltemos á esta regla sino por excepción, y no admitamos la excepción sino por causa grave. No vayamos a hacer como los sacerdotes tibios y relajados que, sin ningún motivo, dejan casi habitualmente todas las partes del oficio para el fin del día.

12.- No haya precipitación al rezar el oficio ¿Cómo es posible tener piedad recitando una oración vocal con toda la volubilidad de que es susceptible la lengua? Obrar así es demostrar fastidio; y fastidiarse de alabar a Dios, apresurándose a poner término a la conversación con Él, es una inconveniencia que nos priva de muchas bendiciones.

13.- Vamos a aconsejar una cosa que, desgraciadamente, no será observada por la mayor parte de nuestros colegas: hacer una pequeña pausa á la mitad y al fin de cada versículo. Rogamos a nuestros lectores que se impongan esta obligación por uno o dos oficios, y verán cómo Dios recompensa su fidelidad con un notable aumento de piedad y de fervor.

14.- ¡Guerra sin cuartel a las distracciones! Arrojémoslas en cuanto las apercibamos; si son demasiado importunas, detengámonos un instante, imploremos la asistencia de Dios y volvamos a nuestro intención primitiva.

15.- Por último, recemos de rodillas y con mucha atención en las oraciones finales, y, sobre todo, el Sacrosanctae, con la intención de obtener el perdón de las faltas cometidas durante el oficio divino.Tales son las reglas que observa el sacerdote santo, observémoslas con fidelidad y recemos constantemente el oficio divino de manera que sea agradable á Dios, útil á la Iglesia, y santificador para nosotros mismos.

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