Tres actitudes del clero ante los enemigos de Cristo en el poder.


27 Jun
27Jun

1º La claudicación: sed prudentes y acomodarse al superior en turno.

Es la de aquellos, que ya perdieron la fe. Al asumir esta actitud los católicos no sólo se han pervertido, no sólo han abandonado la fe tradicional, sino que se han convertido en “activistas” incansables, en difundidores y defensores de las herejías modernistas. Conscientemente quieren la “auto demolición” de la Iglesia y a ella consagra todos sus recursos y las torcidas interpretaciones que su soberbia a dado a la Palabra Revelada. 

[Sin importar que se opongan al Magisterio de la Iglesia de XX siglos, es la “prudencia” de sobrevivir para no verse excluido de los mandatarios eclesiásticos que tienen una educación totalmente distinta].

Esta actitud es muy provechosa humanamente hablando: protección y aprecio de los obispos, de los párrocos, de los que están en el poder; buenas entradas de dinero, libertad para hacer y decir lo que se quiera, perspectivas halagüeñas de futuras promociones, de dignidades y puestos de mando. 

Están haciendo su carrera para llegar a Monseñores, a Obispos… sobre todo ahora, cuando, para alcanzar estos puestos honoríficos, no se necesita la ortodoxia, la limpieza de costumbres, ni la ciencia suficiente en los promovidos, sino basta tan solo una fidelidad ejemplarizada a la nueva religión. Este grupo lo forman los traidores; los apóstatas, los herejes o cismáticos; los que no creen en nada, porque han perdido el don sobrenatural de la fe.


2º Los sumisos: la prudencia de la carne, la humildad de conveniencia con barniz de piedad e inmolación, que busca en el fondo la sobrevivencia.

Que por desgracia abundan, por incapacidad mental, por conveniencia o por cobardía, insisten en defender que, en el bien o en el mal, en la verdad o en el error, debemos estar con el Papa y con los Obispos, de tal manera que es preferible ir al infierno por obediencia que al cielo por esa que ellos llaman desobediencia.

A muchos de estos –sumisos- o les falta cabeza o les falta ciencia o les faltan “pantalones”, para decidirse a obrar, según su conciencia y el don sobrenatural de la fe que en el santo Bautismo recibimos.

Es una actitud lastimosa, digna de compasión. Están engañados; sospechan, sin embargo, que la cosa no va bien, pero les falta la decisión para investigar, en la verdad y sinceridad de su corazón, dónde está la VERDAD REVELADA, si en el Vaticano II, Juan XXIII y Paulo VI o en todos los Concilios anteriores y en los Papas legítimos de la Iglesia. Porque hay contradicción evidente.

La indecisión, la cobardía no excusan de pecado.


3º La resistencia, la verdad que que inmola su vida y sus intereses por los de la verdad de Cristo como San Juan Bautista cuando le cortaron la cabeza.

La única actitud verdaderamente católica, coherente, provechosa y necesaria para la vida eterna, es la que ante los evidentes derrumbes en la Iglesia de Dios, ante la “auto demolición”, que estamos presenciando.

Postura racional, libre; lucharemos con la gracia de Dios, aunque cueste la “excomunión” de los hombres de poder. [Sostener la fe de los Apóstoles y de los santos que lamentablemente es una oposición total con los nuevos programas de entreguismo y unidad con los enemigos de Cristo.]

Resumen tomado del libro: Sede Vacante, del Padre Joaquín Sáenz y Arriaga, página 438.


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