Ánimo pecador, puedes salvar tu alma.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 

El hombre hace juicios conforme a sus conocimientos humanos, a la experiencia y a su naturaleza limitada. 

El amor sufre variaciones, y suele ser un error común, considerar que la Santísima Virgen María no ama o rechaza al pecador, por ser pecador. 

Hagamos una distinción, de un mismo hecho:

El pecador que quiere ser bueno, amar a la Santísima Virgen María, respetar y cumplir la ley de Dios, pero dice con San Pablo: "Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no hago lo bueno que quiero: mas lo malo que aborrezco, aquello hago" (Romanos VII, 15), no porque le falte libertad o inteligencia para elegir el bien, sino por la flaqueza humana, por la falta de virtud, la falta de oración y de una vida de santidad, por muy distintos motivos. 

Le duele pecar, se arrepiente, lo cual provoca un desánimo, tristeza, coraje y suele decir: "Creo que Dios está aburrido conmigo", "Yo no nací para santo". 

Este pecador, debe encomendarse a la Santísima Virgen María, debe rezar el santo Rosario o al menos una parte y nunca olvidar, que Nuestra Señora, es Madre, refugio y consuelo de los pecadores. Este pecador, tiene amplias  y sólidas posibilidades de salvar su alma, si de corazón se encomienda a la Madre de Dios y le obsequia todos los días sus tres Avemarías al despertar y antes de dormir, el Santo Rosario (al menos una parte) cada día. Pero su principal consuelo es la gran misericordia, amor y ternura de la bendita Madre de Dios.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertireis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Rosario, Rosal místico.

Un caso muy diferente, es el del pecador obstinado en el mal, a quien no le interesa enmendarse; libre, consciente y voluntariamente reniega de Dios y de sus santas leyes, al grado de ufanarse o gloriare de sus blasfemias, de su impiedad o locuras por mejor decir, de retar cual otro Lucifer al mismo Dios y a todo lo que lleve el santo nombre Dios. 

Peca, no por debilidad, sino por gusto, por convicción porque es malo; éste pecador, definitivamente es aborrecido de Dios en tanto cuanto, dure su voluntariedad en el pecado; no obstante, Dios misericordioso, siempre dará oportunidad e insistirá en infundir arrepentimiento. Bien podríamos señalar, de un perfil con estas características, que se muestra bajo estas condiciones como hijo de Satanás.

"Todos los herejes, que son hijos del diablo y que llevan las señales evidentes de la reprobación, tienen horror al Avemaría; aprenden el Padrenuestro, pero no el Avemaría, y preferirían llevar sobre sí una serpiente antes que un rosario." San Luis María G. de Montfort, El Secreto Admirable del Rosario, Rosa XVII. 

“En esto son conocidos los hijos de Dios y los hijos del diablo. Todo aquel que no es justo, no es de Dios, y el que no ama a su hermano: Porque esta es la doctrina que habéis recibido desde el principio, que os améis unos a otros. No, así como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas; y las de su hermano buenas. No extrañéis, hermanos, si os aborrece el mundo.” San Juan III, 10.

Hermano pecador, no te desalientes, arrepiéntete de corazón, clama a Dios misericordia y cobra gran devoción a la Santísima Virgen María, particularmente al santo Rosario, comienza por una decena cada día, hasta que te acostumbres y llegues para gran bendición de tu alma, rezar con devoción el Santo Rosario todos los días.


"Es la Emperatriz del Universo, que nos ama más que todas las madres y reinas reunidas amaron a hombre alguno, porque, como dice San Agustín, la caridad de la Virgen María excede a todo el amor natural de todos los hombres y de todos los ángeles." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Santo Rosario, Rosa XIX.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 


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