Acostúmbrate a trabajar y a luchar en tu alma.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Vita hominum militia est, la vida del hombre es milicia sobre la tierra, escribe el santo Job.

Desde la constitución del hombre: compuesto de alma y cuerpo es una constante pugna: "la carne codicia contra el espíritu; y el espíritu contra la carne; porque estas cosas son contrarias entre sí..." San Pablo a los Gálatas V, 17. 

Una vez dominado el hombre, o por mejor decir, juntamente con esa lucha interna, presenta otra hacia el exterior aún más peligrosa: contra el demonio y el mundo. 

"Porque no es nuestra pelea solamente contra hombres de carne y sangre, sino contra los príncipes y potestades, contra los adalides de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires." San pablo a los Efesios VI, 11.

Comentarios

1º Ubicarnos en la realidad.- El hombre no ha nacido para estar en la tierra comodamente, a gusto, pues aquí se está en juego segundo a segundo el cielo o el infierno, por lo cual es una lucha constante, Vita hominum militia est. 

2º La vida espiritual.- El crecimiento, desarrollo y plenitud de la vida espiritual es muy lento, riesgoso, peligroso; aplicado a la realidad: vivir en gracia y amistad con Dios Nuestro Señor, no pecar, ser bueno y santo, es una verdadera guerra contra su propia carne, contra el mundo y contra los príncipes de las tinieblas, que sólo con la asistencia divina se puede lograr. 

3º Tiempo.- La realización del ideal católico en la vida del hombre, la vida de santidad no está sujeta al tiempo, depende principalmente de la gracia de Dios y de la correspondencia de la libertad humana. Así que la gran empresa de nuestra santificación es toda la vida, se puede caer en cualquier momento, aunque tenga un santo por guia espiritual, aunque tenga la más recta y pura intención, aun y cuando rece el Santo Rosario todos los días, no cometa el error de considerarse impecable, perfecto e impoluto, porque también las 'estrellas del cielo se pueden caer'. 

4º Práctica.- Agradecer a Dios el don de la existencia, y vivir día a día no esperanzado en la recompensa o en el día de descanso, sino gozarse en la lucha, en la milicia espiritual, en verdadera alegría de hacerse violencia por el reino de los cielos en mi corazón, aunque se extienda mil años, es un honor y un privilegio estar en el Ejército de Nuestro Divino Redentor. 

Hermano pecador cobre ánimo, rece piadosamente el Santo Rosario todos los día, procure confesarse y a trabajar con inteligencia, voluntad y perseverancia. 

Dios le bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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