Amar el Santo Rosario, señal de salvación eterna.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Muy grave y lastimoso es el estado del alma, de quienes rechazan de palabra o de obra el Santo Rosario, grave, el rechazarlo es una señal de reprobación eterna, en tanto cuanto dure esa voluntariedad.

Los hijos del diablo, se caracterizan por tener horror al Ave María, por rechazar el santo Rosario. 

Debe distinguirse dos casos distintos en una misma acción: 

1ª Quien rechaza o se aleja del Santo Rosario por tentación e instigación del diablo, pero su voluntad o su deseo es amar a la Santísima Virgen María, desea rezar el Santo Rosario, desea ser bueno y santo, pero hay una fuerza que de alguna manera le impide rezar [en algunas ocasiones hace incluso, odioso el Santo Rosario], pero lucha por amar a la Madre de Dios y su santísimo Rosario, incluso, con sincera rectitud de conciencia se declara pecador, muy lejos de ser bueno y mucho menos santo; lejos de alegrarse de no rezar el Santo Rosario se entristece, se apena, reconoce en ello una falta; éste caso, es propio de un alma buena, con recta intención, que está siendo atacado ferozmente por el demonio, ésta situación ha de purificar su alma y debe perseverar.

2ª Caso distinto, el alma que de motu propio, con libre voluntad decide no rezar el Rosario, simple y sencillamente porque no le gusta, no quiere, no le interesa y no cree que sea necesario para la salvación eterna, y le tiene sin cuidado lo que puedan decirle, incluso se galardona o alegra [con frecuencia en secreto] de no rezar el Rosario, algunos suelen decir: "no se necesita rezar el Rosario para salvarse", "hay muchas devociones", "el Rosario es para ciertos católicos débiles", etc. hay en ellos, ciertos desplantes de orgullo, de intelectualidad; incluso, se consideran buenos y mejor que muchos, lo cierto, que en el fondo lo rechazan [el Santo Rosario] tan es así, que les molesta que lo recen en su presencia o que le inviten a rezarlo y todas las personas cercanas a ellas las contagian de sus ideas contra el Santo Rosario; Suelen estos mismos, tener ojos muy atentos para señalar con cierta astucia, sarcasmo a todos los devotos de la santísima Virgen María, particularmente los de recta intención. Éste caso, muy distinto al primero, es propio de los hijos del diablo, de un alma perversa, que basta esto, para sostener que tiene señales manifiestas de condenación eterna. 

Para confirmar lo escrito, cito dos textos de San Luis María G. de Montfort: 

1º "El signo más infalible e indudable para distinguir a un hereje, a un hombre de perversa doctrina, a un réprobo, de un predestinado, es que el hereje y el réprobo no tienen más que desprecio o indiferencia hacia la Santísima Virgen, procurando con sus palabras y ejemplo disminuir su culto y amor, una veces manifiesta y otras ocultamente y aún más en ocasiones con pretextos aparentemente atendibles." San Luis María G. de Montfort, Tratado de la verdadera devoción, No. 30.

2º "Todos los herejes, que son hijos del diablo y que llevan las señales evidentes de la reprobación, tienen horror al Avemaría; aprenden el Padrenuestro, pero no el Avemaría, y preferirían llevar sobre sí una serpiente antes que un rosario.
Entre los católicos, los que llevan el signo de la reprobación no se cuidan apenas del Rosario, son negligentes en rezarlo o lo rezan con fastidio y precipitadamente...

Nosotros mismos vemos que las personas de las doctrinas nuevas de nuestros días condenadas por la Iglesia, a pesar de su piedad aparente descuidan la devoción del Rosario y con frecuencia le arrancan del corazón de quienes los rodean, con los pretextos más hermosos del mundo. Se guardan muy bien de condenar abiertamente el Rosario y el Escapulario, como hicieron los calvinistas; pero su manera de conducirse es tanto más perniciosa cuanto más sutil. 

Mi Avemaría, mi Rosario o mi corona es mi oración y mi muy segura piedra de toque para distinguir los que van dirigidos por el Espíritu de Dios de los que están bajo la ilusión del espíritu maligno. He conocido almas que parecían volar, como las águilas, hasta las nubes, por su sublime contemplación y que, no obstante, eran desdichadamente engañadas por el demonio, y sólo pude descubrir sus ilusiones al verlas rechazar el Avemaría como algo que resultaba poco para ellas." San Luis María G. de Montfort, El Secreto Admirable del Rosario, Rosa XVII. 

Amar el Santo Rosario, luchar con las tentaciones propias, con el desánimo, desaliento, pereza y cansancio, con las mismas tentaciones durante el Santo Rosario, alegrarse, porque amar y rezar el Santo Rosario, es una señal de salvación eterna.


Dios le bendiga.

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