Aprender a vivir en gracia de Dios.


14 Nov
14Nov


Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 


Cuando el católico de buena intención quiere amar y servir a Dios Nuestro Señor enfrenta una realidad que lo desanima: entiende y quiere amar a Nuestro Señor con todo su corazón, evitar todo pecado, pero, se encuentra con una realidad práctica: le es imposible en un momento, en un deseo o decisión abandonar el pecado y abrazar una vida santa. 

Lo cual suele provocar sentimientos de culpa, recriminaciones, tristeza, coraje y en la práctica, el abandono de la vida cristiana no por maldad, sino porque no le favorece, la realidad en ese momento es que no puede cambiar de vida. 


Consideraciones 


1º  Una concepción equivocada. Erróneamente concebimos, que con una sincera confesión, con algunos días de ejercicios espirituales el buen cristiano va a cambiar y abandonar el pecado, lo cual es el principio del fracaso.

Un cambio de esta naturaleza es imposible para la naturaleza humana que se presente de un día a otro.

La santidad de vida para un alma en pecado es una transformación en todos los aspectos: intelectual, psicológica, emocional, alimenticia; cambios en sus expresiones, amistades, costumbres, etc. 

¿Cree Usted que un cambio de esta naturaleza se va a realizar en un momento? Es el trabajo de toda la vida. 


2º  Se debe aprender a vivir, a perseverar y sobre todo saber que es una obra de muchos años. Cuando el buen católica tiene la determinación de cambiar, hace una santa confesión o determina seguir a Cristo, es exactamente el mismo hombre lleno de miserias y debilidades, con una pequeña gracia que lo impulsa a vivir en santidad de vida, pero sigue siendo un pecador con deseos de santidad. 

Debe iniciar a diseñar su nueva vida, programar en su intelecto un programa de vida, de muchos años; no cometa el error de pensar que es imposible o de que no va a poder, mejor ubíquese en la realidad, ponga los pies en la tierra y piense sólo en este día, el mañana no existe y tal vez nunca llegue, pero hoy, viva santamente, mañana si lo tenemos haremos un día santo.


3º  Reformas cristianas, cambios santos y aprender a levantarse. El católico por lo regular no sabe levantarse de cada pecado, porque se desanima y pierde interés, cuando cada caída debe convertirse en una trinchera de trabajo para fundarse en la santa virtud de la humildad, de fortaleza y sobre todo, aprender de nuestras miserias para evitar futuras. 

Estudiar cada pecado para evitar que se vuelvan a presentar las circunstancias, ocasiones y momentos que nos conducen a cometer el pecado; ser expertos en levantarse de cada caída, al grado de que su recuperación a la gracia sea inmediata, lamentablemente hay personas que tardan meses e incluso años en levantarse y volver a la santa pelea por la santidad de vida.


4º Lo fundamental en este camino es el SANTÍSIMO ROSARIO de la Bienaventurada siempre Virgen María. En cualquier etapa de su vida de pecado o de santidad que se encuentre, debe distinguirse por el rezo cada día del Santo Rosario, medio eficaz para alcanzar la salvación eterna, apartarse del pecado, para crecer en gracia, para purificar su alma y sobre todo, para alcanzar la bienaventuranza eterna. ¡Viva la Santísima Virgen María, viva el santo Rosario! 


"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.




Dios te bendiga.





Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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