Buscar la gloria de Dios, no el provecho personal.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Un error con frecuencia inconsciente en la Religión, es buscar en todo momento el beneficio personal, medir el amor de Dios en logros materiales, éxitos económicos, buena fama y estima social de nuestra propia excelencia.

La Santa Iglesia tiene como fin: la salvación de los hombres mediante la comunicación de los bienes espirituales que Cristo puso en sus manos, a saber: la enseñanza de su sagrada doctrina, el cumplimiento de sus mandamientos y la recepción de los sacramentos. 

Comentarios

1º El fin de nuestra vida. 

Debemos vivir para amar y servir a Dios Nuestro Señor en el fiel cumplimiento de sus enseñanzas, para ver y gozar de Él en el cielo. 

Nos vaya bien o nos vaya mal en la vida, porque la finalidad no es el confort material, la salud, la buena fama, la vida larga, la honra, el buen nombre. 

Medita hermano las máximas de San Ignacio de Loyola: 

1.1. "Luego no soy criado para alabarme, honrarme, servirme y regalarme, sino para alabar, hacer reverencia y servir a Dios." 

1.2. "Luego mi fin no son precisamente las riquezas, los honores, las delicias; representar un papel brillante en el mundo, lucir, gozar, sino principalmente y ante todo SERVIR A DIOS; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere que le sirva."

1.3. "Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con éste o con aquél genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios."


2º La mayor honra y gloria de Dios. 

Buscar en todo los intereses de Dios Nuestro Señor, procurar con la gracia de Dios, quitar de nosotros tanto interés material en las obras de fe y Religión; es tentación, ignorancia y soberbia buscar en todo momento nuestra propia excelencia en orden al mundo material. 

Los bienes que requerimos se darán por añadidura, como medio para mejor amar y servir a Dios Nuestro Señor: 'Buscad el reino de los cielos, y todo lo demás se os dará por añadidura...'


3º Meditar el ejemplo de los santos. 

3.1. "En aquel tiempo: Tomó Jesús aparte a los doce apóstoles y les dijo: Mirad que subimos a Jerusalén y se cumplirá todo cuanto escribieron los profetas del Hijo del hombre. Porque será entregado a los gentiles, y escarnecido y azotado y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán. Y al tercer día resucitará. Ellos, sin embargo, no comprendieron nada de esto; semejante lenguaje les era desconocido y no entendían lo que les decía." San Lucas XVIII, 31. 

3.2. La vida de San Pablo Apóstol: "En mayores trabajos me he visto, en más cárceles, en  azotes sin cuento, en riesgos de muerte con frecuencia. De los judíos tengo recibidos cinco veces cuarenta azotes, menos uno. Tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado, tres veces naufragué, una noche y un día pasé en el abismo. Viajes sin cuento, peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligro de gentiles, peligros en poblado, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos, trabajos y fatigas, muchas vigilias, hambre y sed, ayunos frecuentes, frío y desnudez." II Corintios XI, 20.

3.3. “Pero Jesucristo, para mejor elevar los deseos y esperanzas de los fieles de su Iglesia a los bienes celestiales, lejos de ofrecerles en premio de su fidelidad riquezas, gustos o mando, les previene que han de buscar la bienaventuranza entre la pobreza, el hambre y la sed, las lágrimas y las persecuciones. Jesucristo cabeza de la Iglesia, que durante su predicación fue siempre perseguido, hasta derramar su sangre entre las ignominias de una muerte en cruz, previno varias veces que el mundo trataría a sus discípulos del modo que había tratado al maestro. Y el apóstol San Pablo, sin distinción de tiempos, dijo que todos los que quieran vivir según las reglas de Jesucristo padecerán persecución [II Timoteo III, 12]. Por esto decía San Agustín [Ciudad de Dios Lib. XVIII, cap. 51], que en este siglo, no sólo de los tiempos de Cristo y de los apóstoles, sino desde el primer justo Abel muerto por su hermano hasta el fin del mundo, la Iglesia ha ido e irá siempre peregrinando, perseguida por el mundo y consolada por Dios.” Monseñor Don Félix Amat, Tratado de la Iglesia de Jesucristo o Historia Eclesiástica, año 1805, tomo III, pág. 1.


Queridos hermanos, procuremos portarnos santamente, rezar el Santo Rosario con devoción, pero no corrompamos nuestra fe con la búsqueda insaciable de nuestros intereses personales. 

Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


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