Cometiste un pecado grave, no te desanimes, ten confianza.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Mis amados hermanos, sutil y pernicioso es el demonio para invadirnos de tentaciones y ocasiones de ofender gravemente a Dios Nuestro Señor, particularmente, a los más devotos de Nuestra Señora, la Virgen María. 

Ante el pecado, la pobre alma se entristece, piensa que todo está perdido, que Dios está muy enojado, que lo mejor es dejarlo todo o llevar las cosas "con calma". 

Primero, cierto es que somos débiles, con exceso de confianza y falta de oración, que si hemos pecado, es por culpa nuestra, en cuanto a la totalidad del consentimiento; por lo tanto, quede sentado, que somos pecadores, débiles y muy necesitados de las gracias de Dios Nuestro Señor. 

Segundo, Debemos reconocer nuestra culpa, confesar íntegramente nuestro pecado, analizar la caída [con la intención de no exponernos en las mismas ocasiones], y empezar con seguridad en la gracia de Dios cuantas veces sean necesario, cuantas caídas se presenten, y, si mil veces debe iniciar, hacerlo bien, nada de pensamientos mediocres, de tirar las cosas o hacerse el débil, que en eso, hay mucho de amor propio y de soberbia. 

Tercero, una vez que hemos confesado, llorado nuestro pecado [si nuestra naturaleza lo pide] es momento de trabajar, de sacar de lo que hay dentro de nosotros, de mostrar el amor a Dios [amor a Dios no son palabras, sino acciones] y la columna vertebral, de nuestro camino y santificación es la devoción a la Santísima Virgen María, aterrizado en el rezo diario del Santo Rosario, de preferencia: de rodillas, despacio y con una cera encendida. 

Cuarto, prepararnos para las recaídas, no desanimarse, perseverar, perseverar en el rezo del Santo Rosario, no abandone su Rosario, que con él, llegará al puerto seguro de salvación eterna, así haya cometido el grave error de vender su alma al diablo; comparto con Usted, dos ejemplos reales, muy santos y piadosos:


"A Santa Catalina de Sena le fue revelada la verdad que vamos aquí probando. Díjole el Señor: Por mi bondad y reverencia al misterio de la Encarnación, he concedido a María, Madre de mi unigénito Hijo, la prerrogativa de que ningún pecador, por grande que sea, que se le encomiende devotamente, llegue a ser presa del fuego del infierno." San Alfonso María de Ligorio, Las glorias de María, capítulo VIII, 1.

"Si sois fieles en rezarle devotamente hasta la muerte, a pesar de la enormidad de vuestros pecados, creedme: percipitis coronam immarcescibilem [Petrus V, 4]; recibiréis una corona de gloria que no se marchitará jamás.  Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertireis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Rosario, Rosal místico. 

Dios Nuestro Señor nos dé ánimo para levantarnos cuantas veces sea necesario, desconfiando de nosotros mismos [humildad], confiando en el poder de Dios Nuestro Señor [confianza], que vino a salvar lo que estaba perdido.


Dios nos bendiga y mucho éxito.


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