¿Cuál es tu motivo de vivir?


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Una causa común de la mediocridad espiritual, es la falta de un objetivo. 

Cuando no hay una meta especifica, un destino claro ¿Cuál es el motivo de esforzarse o de trabajar? pues, el único objetivo es satisfacer las necesidades humanas: comida, vestido, lugar para vivir, las pretensiones del momento. 

De los intereses materiales, viene una multitud de pecados buscando satisfacer las aspiraciones personales, el amor de la propia excelencia, remediar las inclinaciones de cada alma. 

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1º El objetivo en la vida del católico congruente.

El motor de la vida del católico debe ser el primer mandato de la ley de Dios: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento, y a tu prójimo como a ti mismo...

El medio o aplicación a cada persona en particular dependerá de los dones que Dios le conceda, en base al lugar y servicio que la Divina Providencia le tenga destinado; así vemos a Santa Mónica, como modelo de madre y esposa; al Santo Cura de Ars, modelo de los sacerdotes y párrocos; Santo Tomás Moro, abogado, político y santo. 

A cada alma se le entregan ciertos dones, gracias, juntamente con su cruz para salvar su alma, mediante el cumplimiento de la misión que Dios le encomiende.


2º ¿Cuál es la misión en tu vida? 

Todo camino se va descubriendo poco a poco, pero en todos se debe evitar el pecado, practicar la virtud, y hagáis lo que hagáis llevar el buen olor a Cristo: como maestro, abogado, mecánico, ingeniero, ama de casa, estudiante, dentista, etc. etc.

Medita las siguientes máximas de San Ignacio de Loyola:

2.1. "Luego mi fin no son precisamente las riquezas, los honores, las delicias; representar un papel brillante en el mundo, lucir, gozar, sino principalmente y ante todo SERVIR A DIOS; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere que le sirva." 

2.2. "Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con éste o con aquél genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios."


3º Las cosas se miden por lo que sirven para la eternidad.

La sociedad en que vivimos, se caracteriza por el amor a la propia excelencia de cada uno hasta llegar al desprecio de Dios: una apostasía casi general,  soberbia desbordante en todos los aspectos, donde lo importante es la utilidad o conveniencia de cada uno. 

Contrario a las máximas del mundo anticristiano en el cual vivimos; las cosas, trabajos, amistades, diversiones y circunstancias se deben medir no por lo que a mi me conviene, sino por el servicio que prestan a Dios Nuestro Señor, es decir: cuanto sirven para la salvación eterna, tanto es su valor. 

Instruye San Ignacio de Loyola: 

3.1. "Las cosas de éste mundo fueron dadas al hombre para que le ayuden a conseguir su fin 'que de ellas tanto debemos usar cuanto sirven al fin, y tanto dejar o quitar cuanto nos impiden'."

3.2. "Las cosas se deben medir por cuanto le ayuden o estorben a la consecución de su último fin, se sigue que, considerándolas en sí mismas por su respeto y amor no debe inclinarse más a unas que a otras, cualquiera que sean."

 

Meditad queridos hermanos, corregir errores y aplicarnos a la salvación eterna de nuestra alma. 

Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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