Cuanto daño hace preocuparse de lo que dice la gente.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Una de las cosas que suelen ser motivo de perder la paz, la tranquilidad de conciencia: son los juicios y conceptos que se forma la gente de nosotros. 

Las habladurías [ciertas, falsas o mentiras a medias] suelen crear enemistades, querellas, divisiones, pleitos, perder la paz del alma.

Queridos hermanos, en todo ello hay mucho de amor propio, de amor a nuestra propia excelencia, de dolor en un comentario, chiste o juego de palabras que vaya en detrimento de nuestra imagen. 

Anotaciones

1º No esté tu paz en la boca de los hombres.- Debemos ocuparnos en hacer la voluntad de Dios, en la recta y santa intención, en la puridad de vida. Si nos equivocamos o cometemos un pecado: sencillamente confesarse, aborrecer el pecado, cumplir la penitencia y poner inteligencia para mejor amar y servir a Dios Nuestro Señor.

"Hijo, no te enojes si algunos tuvieren mala opinión de ti, y dijeren lo que no quisieres oír. Tú debes sentir peores cosas, y tenerte por el más flaco de todos. Si andas dentro de ti, no apreciarás mucho las palabras que vuelan... NO ESTÉ TU PAZ EN LA BOCA DE LOS HOMBRES; PUES SI PENSAREN DE TI BIEN O MAL, NO SERÁS POR ESO HOMBRE DIFERENTE." Imitación de Cristo III, 28.

2º El mal se vence con el bien.- Es una cosa penosa, como se pierde tiempo y amistades en buscar justicia de lo que se ha dicho de nosotros [cierto o falso], en querer una explicación racional [con fundamentos en la verdad] de lo que suele ser: un chisme, un dicho, palabras de terceros, provocados por un corazón orgulloso. Procure Usted rezar por ellos, encomendarlos a la Santísima Virgen María en el Santo Rosario y no perder la paz: "No te dejes vencer del mal, sino vence al mal con el bien." San Pablo a los Romanos XII, 20. 

3º Ejemplo de San Luis María G. de Montfort.- Transcribo un texto de la semblanza del siervo de Dios para edificación de nosotros: "Al divulgarse su fama, se le acusó de intemperancia, de celo indiscreto, hasta de ambición. Los jansenistas, sobre todo, le denunciaron... El, no obstante, continuaba sus correrías sin preocuparse del mundo, al que no conocía, ni de sus enemigos, a quienes quería ignorar, hambriento unicamente de almas," Obras  de San Luis María G. de Montfort, BAC, página 68. 

Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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