Deja que Dios obre en tu vida.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Queridos hermanos, en la vida espiritual es un grave impedimento la dureza de juicio en hacer nuestra voluntad, muchas veces con título de piedad. 

El motivo de nuestra existencia es amar y servir a Dios Nuestro Señor, donde disponga la Divina Providencia: en la enfermedad o en la salud, en la riqueza o en la pobreza, en la buena fama o en la difamación, en la vida larga o corta, en tal o cual lugar, circunstancia, época. 

Cuando uno se apega a sus ideas, proyectos, obras [por más santas, nobles que sean] son nuestras obras, apegadas a nuestra voluntad. 

Hágase la voluntad de Dios. 

Lo que menos interesa somos nosotros, nuestras obras son grandes cuando son de Dios: "Y si distribuyese todos mis bienes para dar de comer a los pobres y entregase todo mi cuerpo a las llamas, no teniendo caridad, nada me aprovecharía." San Pablo a los corintios XIII.

El alma suele apegarse a sus proyectos, debe hacer lo que es de su parte anteponiendo en todo la santa voluntad de Dios: 'no se haga mi voluntad, sino la voluntad de Dios, como Dios diga, bendito sea Dios en las buenas y bendito sea Dios en las malas...' porque no hemos venido a servirnos de Dios, sino a servir a Nuestro Divino Redentor. 

San Pablo Apóstol, varón de Dios que subió al tercer cielo, hombre de grandes milagros, sufrió atrozmente el azote de la tentación, el aguijón de la carne [tentaciones muy fuertes], rogó a Dios que se las quitará: no se las quitó, fueron instrumento de purificación, santificación, humildad, fe, confianza en Dios; por esto no debemos apegarnos a nuestros juicios.

 "Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, se me ha dado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, para que me abofetee. Y por esto rogué al Señor tres veces para que lo apartase de mí; y me dijo: Te basta mi gracia, porque la virtud se perfecciona en la debilidad. Por tanto,  de buena gana me gloriaré de mis flaquezas para que more en mí la virtud de Cristo." San Pablo a los corintios [II], XI, 20. 


Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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