Despierta católico y trabaja por tu salvación eterna.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Queridos hermanos, el verdadero católico de hoy día debe despertar, ubicarse en la grave crisis espiritual que atraviesa el mundo entero: una verdadera ignorancia de lo que realmente es la humildad, la verdadera fe [que se confunde con el sentimentalismo y la fuerza del  pensamiento], una tolerancia que se ha convertido en convivencia con el error, la mentira, la herejía y la maldad, haciéndola aceptable con sólo “la buena intención” de quien la predica.

Es evidente el aumento en número de los errores doctrinales, la proliferación de creencias protestantes con todas sus ramificaciones, el exceso de buscarse a uno mismo en la religión, o dicho en otras palabras el sentimentalismo [sentirse bien a gusto] en todo lo que tenga que ver con Dios y con la Iglesia, formándose así católicos de oropel, de terciopelo, que a la menor llamada de orden, disciplina: se hacen los ofendidos, guiados por su soberbia y sentimentalismo, buscando otros lugares donde los complazcan y sobre todo que se sientan ‘a gusto’. ¡ Catastrófico !

Anotaciones

1º La Santa Iglesia. - La Religión Católica no es para sentirse a gusto, es para tributar culto de adoración a Dios Nuestro Señor y para salvación de las almas; lo más importante es Dios, sus santos mandamientos [doctrina], el cumplimiento de sus mandatos; y en segundo término, después de Dios, la salvación eterna de las almas. Por esta razón las ceremonias, la doctrina, la moral, la vida entera se debe acomodar a la voluntad de Dios no a la del hombre.

2º La Salvación eterna. - El hombre se va a salvar haciendo la voluntad de Dios, no sintiéndose ‘a gusto’; renunciar a su voluntad por hacer la de Dios, es en el cumplimiento de los mandatos divinos donde el alma se santifica.

2.1. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, lleve su Cruz cada día y sígame.” San Lucas IX, 23.

2.2. “No todos los que me dicen: ¡Señor, Señor!, entrarán en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial, ése es el que entrará en el reino de los cielos.” San Mateo VII, 21.

2.3. “Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y os separen de su compañía, y os afrenten a causa del Hijo del hombre; alegraos y saltad de gozo, porque os está reservada en el cielo una gran recompensa.” San Lucas VI, 22.


3º El amor a Dios. - La ignorancia, el amor propio y la soberbia consideran que el amor a Dios por parte del hombre se mide por los sentimientos, por las lágrimas, por las conmociones carnales que en el entender humano dicen: te amo.

3.1. El amor a Dios se mide por el cumplimiento de la voluntad de Dios Nuestro Señor. Podrá alguien sentir [sentimiento] muchísimo amor de Dios, pero vive en adulterio, hace obras contra la ley de Dios: pues sencillamente tiene sentimiento humano - muy respetable - pero no tiene verdadero amor a Dios. “Si alguno me ama guardará mis mandamientos, y mi Padre le amará y vendremos a él” San Juan XIV, 23.


4º Practica. – No querer ser como los demás, ni querer la aprobación de las mayorías, usted dedíquese con esmero y dedicación a conocer la doctrina católica, particularmente los santos mandamientos, sus obligaciones de estado para cumplir fielmente con la gracia de Dios, lo cual es amor a Dios, y requiere: inteligencia, voluntad y acción.

4.1. Para que usted llegue a la plenitud del amor a Dios, debe rezar constantemente el Santo Rosario, pues la Santísima Virgen María conduce a la santidad de vida, al verdadero amor a Dios, recuerde que un verdadero devoto de la Santísima Virgen María no se puede condenar.

4.2. “María manda en los cielos sobre los ángeles y los bienaventurados. En recompensa de su profunda humildad, Dios le ha dado el poder y el encargo de llenar de santos los tronos vacíos de donde cayeron por orgullo los ángeles apóstatas. La voluntad del Altísimo, pronta siempre a exaltar a los humildes, es que el cielo, la tierra y los infiernos se rindan, de grado o por fuerza, a los mandatos de la humilde María, a quien Él ha constituido soberana del cielo y de la tierra, generala de sus ejércitos, tesorera de sus riquezas, dispensadora de sus gracias, obradora de sus grandes maravillas, reparadora del género humano, medianera de los hombres, exterminadora de los enemigos de Dios y fiel compañera suya en las grandezas y en los triunfos.” San Luis María G. De Montfort, Tratado de la verdadera devoción, capítulo 1º, No. 28.

Dios le bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Etiquetado:  alimento para el alma

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