El amor a Dios Nuestro Señor.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Una de las principales aflicciones de nuestra vida son las contradicciones a nuestro querer [que las cosas no se hagan como las queremos o deseamos], independientemente si es bueno o malo a los ojos de Dios Nuestro Señor. 

En la vida espiritual una parte muy importantes es buscar en todo la santa voluntad de Dios, acomodarnos y alegrarnos con ella en las buenas y en las malas,  lo cual, no es pusilanimidad y mucho menos mediocridad: es conformidad libre y voluntaria con la santa voluntad de Dios, la cual engendra una paz en el alma. 

'Hagase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo...' uno debe trabajar con empeño, inteligencia, caridad y pasión; buscando en todo la santa voluntad de Dios y no la nuestra, porque es en nuestro querer donde las obras más santas se contaminan.

Anotaciones

1º El amor del hombre a Dios Nuestro Señor.- Se prueba en el cumplimientos de los santos mandamientos: "Quien tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama" San Juan XIV, 21.

2º El amor que profesa el hombre a Dios se prueba en la adversidad.- Mientras todo es 'miel sobre hojuelas' es facil amar a Dios en la prosperidad, en la abundancia, en la salud, en la buena fama, etc. En la adversidad [pobreza, enfermedad, cárcel, persecución, muerte] se conoce a los verdaderos amigos, se conoce el verdadero hombre que ama a Dios Nuestro Señor.

3º La prueba de que Dios ama un alma.- Cito una carta de San Luis María G. de Montfort a una religiosa en 1704: "La mejor señal de que uno es amado de Dios es la de verse odiado del mundo y asaltado de cruces, tales como la privación de las cosas más legítimas, la oposición a nuestras mejores intenciones, las injurias más atroces y punzantes, las persecuciones y las interpretaciones siniestras por parte de las personas mejor intencionadas y de nuestros mejores amigos, las enfermedades más repugnantes, etc." Carta 19 a la M. San José, religiosa del Santísimo Sacramento.

4º Practica.- Buen católico, procure no quejarse de que las cosas no marchan como Usted quisiera, no busque ni el aplauso ni la aprobación de las mayorías, mucho menos el reconocimiento a su labor santa que pueda hacer en bien de las almas. Dediquese con esmero a rezar bien, como Dios manda el Santo Rosario, a pedir a Nuestra Señora por la santificación del clero y del mundo entero, no buscando más recompensa que las contradicciones, cruces y aflicciones que Dios Nuestro Señor guste enviarle en prueba de su amor. 

Dios le bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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