El estado anímico y nuestra salvación.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Uno de los principales problemas en la vida del alma, son los sentimientos y los estados anímicos, que los relacionan y se llega a considerar expresión o medición del estado del alma. 

Así, cuando hay oración con fervor sensible, se suele creer que es evidencia de cierta santidad, lo cual puede llevar al alma a graves tropiezos. 

Hagamos algunas anotaciones prácticas: 

1ª El estado anímico y los sentimientos pertenecen a la parte inferior del ser humano. Las decisiones y mediciones se deben tomar en base a la razón ilustrada por la fe. 

2ª El estado anímico y los sentimientos varían a cada momento, máxime en algunos temperamentos, por lo cual quede sentado: La fe NO ES un sentimiento religioso, luego entonces: ¿El cómo me siento? no interesa, lo importante es que debo hacer, qué quiere Dios de mí, muy al margen del estado sentimental en ese momento. 

3ª Otro error fundamental, es relacionar los éxitos materiales, sociales y familiares con el amor de Dios; es decir: si todo marcha bien, prosperidad económica, salud, bienestar significa que Dios me ama y está contento conmigo; por el contrario, si hay deudas, el dinero lo alcanza, problemas, es que Dios no me ama. ERROR, No es la forma como se manifiesta Dios, pues San José y la Santísima Virgen María sufrieron casi permanentemente de carencias materiales. 

4ª Debemos ser profesionales, responsables y consecuentes con nuestra fe; si realmente queremos amar a Dios y ser buenos católicos, basta de buscarnos a nosotros mismos, de ver a cada paso mi conveniencia. Ser católico con método, con perseverancia, con dirección, con profesionalidad y sobre todo con fe; la santidad no es obra del acaso, es obra de la gracia de Dios correspondida por la libertad humana. 

5ª La santidad y el cielo se conquista, con buenas y santas acciones, con generosidad, con limosnas, con mortificaciones, con estudio, con buenas confesiones. No esperar todo gratis.

6ª Tres consejos de San Ignacio de Loyola: 

a).- SEA MI REGLA EL DICTAMEN DE LA RAZÓN, ILUSTRADA POR LA FE, QUE ME DIGA SI LA COSA DE QUE SE TRATA ME CONDUCE O NO AL FIN DE MI ETERNA SALVACIÓN; Y PARA ANDAR MÁS SEGURO ELIJA AQUELLO QUE MÁS ME CONDUZCA. 

b).-Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con éste o con aquél genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios.

c).- Las cosas se deben medir por cuanto le ayuden o estorben a la consecución de su último fin. 

Dios Nuestro Señor nos bendiga en éste día.

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