El hombre nació para ser feliz.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


El hombre nació para ser feliz, por eso es un constante buscador de la felicidad, la cuál la encuentra y la vive en plenitud en la gloria celestial, en la casa de Dios Nuestro Señor, en la gloria eterna después de la presente vida. 

Ahora podemos vivir la sombra de la felicidad, porque es un tiempo de prueba, ser felices en la tierra amando a Dios nuestro Señor, cumpliendo los santos mandamientos y nuestras obligaciones de estado. 


Consideraciones


1º Eres morada de Dios.- El hombre ha sido creado por Dios para ser morada del autor de nuestras vidas, para ser el lugar donde habite Nuestro Señor por la gracia. De donde procede una vida sobrenatural, manifestándose una felicidad que no es de este mundo, un gozo no por las posesiones o bienes de la tierra, sino por la presencia de Dios en el alma.

"Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él." Evangelio de San Juan XIV, 23.


2º El amor no es amado decía San Francisco de Asís. El amor a Dios radica en el cumplimiento de los santos mandamientos: Si alguno me ama, guardará mi palabra... 


3º El pecado mortal es la muerte del alma. Por el pecado mortal en el hombre, es expulsado Nuestro Señor Jesucristo de su templo consagrado el día del santo bautismo, de dónde se sigue la pérdida de la fuente de la felicidad. "Vivir con Jesús es dulce paraíso" Imitación de Cristo.

La vida sin Dios pierde sentido, busca llenarse con los bienes de la tierra, ha perdido el centro de su vida, el origen de su felicidad.


4º El camino para cambiar de vida es el Santo Rosario. Con la verdadera devoción a la Santísima Virgen María el alma que podrá vivir habitualmente en pecado mortal, poco a poco, con su perseverancia será bendecido de la Santísima Virgen María, infundirá arrepentimiento y como buena Madre le dará lo necesario para su salvación eterna.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario. 


Dios te bendiga.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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