El pecado encadena el alma.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

El mayor daño para el alma cristiana es el pecado mortal; imperceptiblemente la esclaviza, desarrolla una nueva concepción universal, psicológica, emocional; destruye desde luego la amistad con Dios Nuestro señor y con ello pierde la alegría, su fortaleza. 

El pecado se presenta con múltiples disfraces, con aparente bondad, alegría; que naturalmente esclaviza al alma, de tal suerte que se hace dependiente de su pecado, sea cual sea; de manera que conforme se esclaviza el alma, su vida se va opacando hasta quedar completamente encadenada a su pecado dominante, el cual lo encontramos como injertado a su vida, como parte de su naturaleza [no puede vivir sin él], pero en realidad es un cáncer que destruye todo lo que se oponga a la realización del pecado al cual el alma se encuentra preso.

Anotaciones 

1º Acción del demonio.- "Ningún otro deseo tiene el demonio, ningún otro negocio, ningún otro empeño que perder nuestra alma”. San Bernardo. 

1.1. El demonio lo estudia, analiza detenidamente a usted, hasta encontrar su parte más debil, lo debilita para proponerle el pecado con una envoltura aparentemente bondadosa, pero mortal por naturaleza.

2º El pecado destruye la esperanza de santidad.- Se envuelve de tal forma con la personalidad, con sus sentimientos, con su manera de pensar y obrar, que suavemente convence al intelecto de que es imposible dejar el pecado en ese momento, crea expectativas para un futuro, para un milagro de Dios; pero en la práctica el alma termina por no hacer nada, y es tanta la fuerza del pecado, que el pobre hermano pecador no pocas veces peca por la violencia de su pasión, por la fuerza de su costumbre pecaminosa, aunque en el fondo quisiera evitarlo, pero no tiene la fuerza para romper las cadenas del pecado.

3º ¿Cómo liberarse del pecado? 

Primero.- Es evidente que el alma está esclavizada, que no tiene la fuerza, ni el ánimo, ni la virtud para dejar el pecado. 

Segundo.- Requiere una gracia de Dios, por lo cual debe arrepentirse de todo corazón, reconocer humildemente su pecado, su impotencia y clamar desde el fondo de su corazón -contrito y humillado- la misericordia a Dios Nuestro Señor y a la Santísima  Virgen María, Refugio de los pecadores, que arrepentidos claman misericordia. 

Tercero.- Creer no en uno, sino en el poder de la Santísima Virgen María, pedirselo de corazón y empezar ¡ A LA VOZ DE YA ! el rezo piadoso, despacio del Santo Rosario, implorando cada día por este medio la liberación de su alma, su purificación  y la santidad de vida.

"He encontrado algunos en los que las más terribles verdades predicadas en una misión no habían hecho impresión alguna; y, no obstante, habiendo adquirido por consejo mío la costumbre de rezar diariamente el santo Rosario, se convirtieron y se dieron a Dios." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario, rosa XXXIX. 

El alma esclavizada por el pecado se liberará por la gracia y poder que la Santísima Virgen María otorga a las almas que devotamente recen su Santísimo Rosario de corazón. 

Dios te bendiga.

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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