El pecador que recurre a la Madre de Dios se salva


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Queridos hermanos, siendo miserables, pecadores y tan inconstantes en el bien, debemos recurrir piadosamente a la Santísima Virgen María, en cuyo amparo y protección podemos alcanzar la salvación eterna. 

Aún cuando hubieres tenido la desgracia de cometer el peor pecado, no todo está perdido, puede arrepentirse y alcanzar la salvación eterna. 

Los pecadores que se arrepienten, que detestan sus pecados e invocan a la Santísima Virgen María, siempre encontrarán consuelo y ayuda para salvación de su alma. 

Fundamento

"Si todos los pecadores acudieran a María con voluntad de enmendarse, ¿quién podría perderse? Porque sólo se pierde el que no recurre a María Santísima." San Alfonso María de Ligorio, " La devoción a María Santísima", página 12. 

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertireis, con tal que  recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Rosario. 

"La Santísima Virgen reveló al Beato Alano que, tan pronto como Santo Domingo predicó el Rosario, los pecadores empedernidos se convirtieron y lloraron amargamente sus crímenes, los mismos niños hicieron penitencias increíbles." San Luis María G. de Montfort. El Secreto del Santo Rosario, rosa XXVII. 

"Otra cosa es cuando, a lo menos, se esfuerza el pecador por salir de su mal estado, y se vale para ello del favor de María; que entonces, no dejará, por cierto, esta piadosa Madre de socorrerle para que, al fin, recobre la gracia y amistad de Dios." San Alfonso María de Ligorio, 'Las Glorias de María', capítulo 1º. 

"María, pues, es Madre de los pecadores que desean convertirse, y como tal, no sólo se compadece de ellos, sino que parece que siente como propio el mal de sus hijos." San Alfonso María de Ligorio, 'Las Glorias de María', capítulo 1º. 


Una cosa es el estado de pecado mortal en el cual pueda vivir habitualmente, y otra muy distinta, el no luchar [mediocridad espiritual, desánimo, apatía, pereza], justificando su estado en decir: 'soy un pecador, así nací'. 

Sacuda o eche de usted esos pensamientos de autojustificación, y póngase a trabajar, rezando piadosamente todos los día el Santo Rosario. 

No puede dejar de pecar tal vez, pero si puede, rezar todos los días el santo Rosario. Empecemos hoy a invocar con fe verdadera a la Madre de Dios con el Santo Rosario, lo demás, se dará por añadidura y por la perseverancia. 

Dios le bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


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