El que más sufre es el soberbio.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Una de las partes más débiles, peligrosas y que pueden conducir a la condenación eterna es la soberbia en el ser humano.

La soberbia, amor propio, amor a su propia excelencia es algo que heredamos o llevamos en nosotros debido al pecado original, por lo cual nos insiste tanto los santos padres en el ejercicio constante de la santa virtud de la humildad.

Por la soberbia se perdió el ángel “luzbel” el más santo, cuanto debemos temer esta debilidad incrustada en nuestra propia naturaleza, que nunca esta quieta, que no se mantiene en el mismo lugar: la soberbia o crece o disminuye cada día en nosotros.

Siempre el demonio escoge a los soberbios para sus obras, siempre detesta o combate a los verdaderos humildes; los soberbios son candidatos seguros a traicionar porque buscan en todo su provecho personal y se valen de todo para sacar ganancia.

Comentarios:

1º La soberbia propiamente no se contempla en un acto o pecado, tiene la habilidad de esconderse en una multitud de obras, sin ser descubiertas: en el amor, en una palabra aparentemente inocente, en una declamación, en una felicitación. La soberbia no se muestra como tal, siempre va escondida en la intención más profunda de la persona.

2º La soberbia se le descubre por su falsa, fingida y aparente humildad: le molesta muchísimo que se hable la verdad, que se vea menoscabada su “buena fama”, la menor consideración de que pueda tener un error, le molesta la primacía de Dios y su obra, la adoración del Dios verdadero, el estar de rodillas.

3º Ejercitarnos todos los días queridos hermanos en hacer actos humildes con el corazón, la obra y la intención, verbigracia: asear el sanitario, lavar trastes, ceder el lugar a los demás, no querer hablar siempre, no molestarse porque hablan mal de nosotros, conformarnos con sagrada alegría en el lugar que la Divina Providencia nos ha colocado [social, económica, culturalmente], no estar renegando ni quejándose de todo, no culpar al universo mundo de nuestras miserias, en fin: vivir con una sagrada alegría que en todo se hace la santa voluntad de Dios, que soy miserable, débil y quebradizo; sólo Dios Nuestro Señor es fuerte, poderoso y misericordioso.

4º Recordar algunas máximas: 

  • No hay ningún soberbio en el paraíso, ni humilde alguno en el infierno. 

  • El hombre orgulloso del siglo es esclavo de sus pasiones: el humilde del Evangelio, es señor de ellas.

  • Aquel que sabe ser humilde según el Evangelio, es el más sabio entre los filósofos, y el más generoso entre los hombres.


La soberbia engendra la mentira, la simulación, una gran tristeza, pusilanimidad, cobardia, se siente menos por los éxitos o actos buenos de quienes le rodean, se moleta y sufre porque haya hombres buenos, le molesta el trabajo de quienes no se someten a su persona o no le rinden reverencia.

El que más sufre es el soberbio, por eso cuanto padece Satanás, padre y maestro de la mentira, del engaño, de la soberbia.

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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