El reino de Dios Nuestro Señor.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Dios nuestro Señor autor de nuestras vidas nos ha creado para el reino de los cielos, para la bienaventuranza eterna, para ser conciudadanos de la patria celestial: ser santos eternamente. 

Es una dicha tan grande la bienaventuranza eterna, que Dios en su infinita misericordia solo nos pide amarle en la presente vida por medio del cumplimiento de los santos mandamientos. 


Consideraciones.

"Mi reino  no es de este mundo". La vida del hombre sobre la tierra es milicia, es una constante lucha contra los enemigos de nuestra salvación eterna: mundo, demonio y carne. 

Negarse constantemente para hacer en todo la voluntad de Dios Nuestro Señor mediante el cumplimiento de los santos mandamientos conforme a nuestra condición particular, y así configurar en cada uno de nosotros la imagen de Nuestro Señor Jesucristo. 

"Y vivo, ya no yo, mas vive Cristo en mí. Y lo que vivo ahora en carne: lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó, y se entregó así mismo por mí." San Pablo a los Gálatas II, 21.



2º Vale la pena conquistar el reino de los cielos. No es pérdida, ni tiempo perdido el que se emplea en la santificación de nuestra alma, porque la recompensa es muy grande: vivir eternamente en la casa de Dios, no hay felicidad en este mundo que se le pueda comparar. 

Vivir con alegría, con entusiasmo, con fe las penalidades propias de la presente vida, con una convicción que cuál otro San Pedro Apóstol veamos en las cruces un medio para santificarnos.


3º Somos pecadores, pero queremos ser buenos. No se desanime hermano pecador, poco a poco con la gracia de Dios y su buena voluntad alcanzará la victoria, cada caída debe ser una oportunidad para aprender la escuela de humildad, para hacer buenas y santas confesiones, para recurrir a la misericordia de Dios Nuestro Señor para implorar su misericordia.


4º Rezar el Santo Rosario. La Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre de nosotros los pecadores arrepentidos, quiere llevarnos al cielo por medio del santo Rosario. 

Procure aunque sea el hombre más pecador, rezar el Santo Rosario todos los días, poco a poco recibirá bendiciones para cambiar de vida y purificar su alma.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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