El verdadero católico es atacado.


12 Jul
12Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Algunas almas ingenuas e ilusas conciben la vida espiritual de una manera muy humana; como llegar a la Iglesia [edificio del culto sagrado] para recibir las bendiciones, transformarse y ser un hombre nuevo sin el esfuerzo personal, lo cuál es ajeno a la realidad.

Militia est vita hominis super terram. “Milicia es la vida del hombre sobre la tierra” Job VII, 1.

Una persona que se acerca a la santa misa, a la sagrada confesión, que inicia a rezar el santo Rosario cada día, pensando que en un momento se acabarán las tentaciones, tendrá sentimientos de paz, armonía social, estabilidad económica; sencillamente marcha por mal camino.


Consideraciones


1º El fin del hombre es amar y servir a Dios Nuestro Señor aquí en la tierra para verle y gozarle eternamente en el cielo.

El amor del hombre a Dios Nuestro Señor es a la manera como Dios quiere ser amado, y no, conforme a las ocurrencias de cada ser humano, que regularmente se limita a la parte sensitiva.

"Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras." Evangelio de San Juan XIV, 23.

Amar a Dios se traduce en cumplir los mandamientos de la ley de Dios, se sienta bonito o no sienta nada, lo quieran o no lo quieran, porque lo que menos importa es lo que sienta el hombre, el fundamento es amar y servir a Dios Nuestro Señor, lo demás se dará por añadidura.


2º El católico es el más atacado.

Quién no tiene la fe verdadera pertenece al bando de Satanás, al igual que el hombre que vive habitualmente en pecado mortal, a los que se suman los católicos mediocres que no quieren rezar ni confesarse, justificándose en argumentos de mundo.

"En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original. Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios.” Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 274.

El católico que quiere vivir en gracia de Dios, que de verdad desea amar y servir a Dios Nuestro Señor, de llevar una vida santa o de apartarse del pecado, inevitablemente será atacado por el mundo, demonio y carne; seguramente tendrá más tentaciones que el mundano.

“Sed sobrios, y velad: porque el diablo vuestro adversario anda como león rugiendo alrededor de vosotros, buscando a quien tragar.” San Pedro V, 8.


3º Rezad el Santo Rosario.

Procurar adquirir la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, la cuál es una señal evidente de salvación eterna, para ello es importante estudiar el libro de San Luis María G. de Montfort: ‘La verdadera devoción’ para conocer y practicar tan santa devoción.

Cada día rezad el Santo Rosario de la Santísima Virgen María, procurando rezarlo con calma, sin prisas, atentamente de rodilla ante un altar domestico cada día.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.

Dios te bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.








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