En la soledad, la oración y el silencio el alma se fortalece.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


El mundo, el activismo, las dificultades de cada día agotan el alma, sofocan el espíritu, afligen el alma, queriendo encontrar paz en el mundo, se agota el cristiano.

Cuanta falta hace al buen católico la soledad, el silencio, la meditación de las verdades eternas en compañía de Nuestro Señor Jesucristo, con tranquilidad, sin prisas, es ahí donde el alma crece, se fortalece, se llena de Dios. 

Procura, oh buen católico, tener al menos un par de horas a la semana, de oración, meditación en compañía de Jesús Sacramentado en tu parroquia, en tu oratorio, en tu habitación; que alimento tan grato al alma, a solas con Dios rezar el Santo Rosario, sin prisas, con piedad y devoción. 

Eso necesita el buen católico, oración, soledad en compañía de Dios; una sincera y piadosa confesión, es un revivir para el espíritu, un tomar fuerzas ante el torbellino del mundo que agota el alma, que asfixia el espíritu de Dios.

"Oyentes míos; ¿queréis salvaros? dejad a los malos amigos que os sirven de tropiezo en el camino de la salvación: buscad al amigo verdadero y antiguo que es Dios; observad sus preceptos, si queréis ser felices y disfrutar para siempre de la gloria eterna". San Alfonso María de Ligorio.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Etiquetado:  Espiritualidad vida santa

Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.