En la tierra siempre ha de haber faltas.


"En nuestra vida espiritual las tentaciones y hasta las faltas son cosas inevitables. Servir a Dios sin faltas es cosa allá del otro mundo, cosa del cielo. En la tierra siempre ha de haber faltas en nosotros... ¡Aun en los santos!

A las veces nos imaginamos los santos de una manera irreal, sobre todo por ciertas biografías, en especial las antiguas, que nos pintan los santos como seres del otro mundo que no tienen absolutamente el menor movimiento de pasiones, la menor miseria, la menor falta...

No son así los santos. Sólo de Jesucristo dice la Iglesia: 'Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, Tu solus Altísimus'. 'Tú eres el único Santo'. Y la Santísima Virgen que es perfecta copia de Nuestro Señor. Fuera de ellos, en todos los demás santos hay miserias, y no sólo en los primeros años de su vida, sino aun en las cumbres de la santidad.

Y se explica que las haya: me parece a mí que hace Nuestro Señor lo que haría un pintor que hiciera una obra maestra en una tela burda; en algún ángulo del cuadro, dejaría una parte sin pintar para que se viera la tela tan burda en que había pintado. Así Nuestro Señor para que se conozca toda la grandeza de su obra, deja a los santos algo de la tela burda en que fabrica la obra de la santidad, para que se vea todo lo que vale la obra de Dios.

Pues bien, si aun los santos tienen miserias, ¿qué raro es que los que somos imperfectos tengamos esas faltas y esas miserias? Es la cosa más natural del mundo. Y eso de asustarse de las faltas es sencillamente una tontería. Realmente a mí me llamaría más la atención no tener faltas. ¡Eso sí que sería raro! Me llamaría la atención y diría: '¿Pues de que se trata? Eso es anormal'. Pero tener faltas... ¡la cosa más natural de éste mundo!"


Monseñor Luis María Martínez, Arzobispo de México, + 1956, libro: Espiritualidad de la Cruz, página 239.

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