En la tribulación se conoce a los amigos de Dios.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Queridos hermanos: hay muchas almas buenas, con dones extraordinarios,  aptitudes para la bondad y santidad de vida; que por diversos hechos ocurridos en los escabrosos caminos de la vida humana, han quedado frustrados [enterrados, con miedos, con fracasos] que teniendo la capacidad con grado de excelente para la obra de Dios, por muy diversos motivos están ocupados en cuestiones intrascendentes, probablemente útiles para el mundo, con grave daño para la salud del alma. 

"Quid enim prodest homini, si mundum universum lucretur, ániae vero suae  detrimentum patiatur?" Porque ¿Qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?  Evangelio de San Mateo XVI, 26. 

Consideraciones

1º lo sucedido en cada vida, terrible tal vez, es pasado y tiene aún vida para arrepentirse, enmedarse [corregir lo corregible], pedir perdón a Dios Nuestro Señor con un corazón contrito y humillado, para trabajar sus dones en el lugar donde la Divina Providencia lo desea colocar.

"Os digo, que así habrá más gozo en el cielo sobre un pecador que hiciere penitencia, que sobre noventa y nueve justos, que no han menester penitencia." San Lucas XV, 7.


2º La inactividad, el hubiera sido [que nunca se transforma en hechos concretos y actuales en beneficio de Dios] realmente son nada, no aprovecha. Ocupamos acciones reales y concretas, hechos que respalden el amor a Dios Nuestro Señor, del modo y forma como Dios lo determina: 

"Todo el que me ama, guardará mis mandatos, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él." Evangelio de San Juan XIV, 24.


3º Recuerde que por algo pasan las cosas, Dios las permite para obtener un bien para el alma, cuando en el corazón del hombre hay recta y pura intención; 

"En el crisol de la tribulación y de la tentación es donde los verdaderos Amigos de la Cruz se purifican por su paciencia, en tanto que sus enemigos desaparecen en humo por su impaciencia y murmuraciones." San Luis María G. de Montfort, Carta a los amigos de la Cruz, No. 29. 


Dios te bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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