En los errores se conoce a los soberbios de los humildes.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

En los errores, en los pecados y en las humillaciones suelen conocerse a los verdaderos humildes y a los soberbios. 

Todo hombre es imperfecto, sujeto de pecados de la más diversa especie y flanco de recibir humillaciones; pero aunque suene ilógico o extraño, es necesario para conocer y distinguir el oro del oropel, la virtud de la simulación. 

Consideraciones

1º El pecado es propio de la naturaleza humana, tanto que cada uno de los hombres nacemos en estado de pecado original: "Si dijeremos, que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros." 1ª de San Juan, I, 8. 

El hombre aunque miserable y pecador, puede con la ayuda de la gracia de Dios, su libre voluntad alcanzar la santidad de vida, en la medida que se una a Dios Nuestro Señor.


2º El soberbio cuando comete pecado. 

Pierde totalmente la paz, trata de justificar su pecado o de ocultarlo; cuando es evidente: culpa al universo mundo de su pecado, se irrita, se enoja contra él, contra Dios, como si él [el soberbio, fuera el centro del universo, como si fuera imposible que él pecara]. 

Se descorazona, dice que no tiene caso, que tanto que se ha esforzado para nada, y empieza la letanía de lamentaciones donde es el centro de todo; sale a colación su infancia, sus traumas, los que abusaron de su buen corazón, etc. etc.

En realidad, el soberbio le duele el verse descubierto, es decir el amor a su propia excelencia; quisiera verse en las alturas, en la santidad, en los arrobamientos místicos.


3º El humilde cuando comete pecado.

Sin hacer tanto ruido reconoce su pecado, lo confiesa llanamente y empieza apaciblemente su camino, desconfiando de sí mismo, confiando amorosamente en Nuestro Señor Jesucristo. 

"Porque siete veces caerá el justo, y se levantará: mas los impíos se precipitarán en el mal." Proverbios XXIV, 16. 

No se espanta, porque conoce que es miserable y pecador; pero con ánimo esforzado, valeroso persevera en sus devociones, particularmente en el rezo piadoso y devoto del Santo Rosario. 


Queridos hermanos tener paciencia en la tribulación, en los propios pecados, cuidado con el desaliento y la pusilanimidad, suele ser el escondite del soberbio. 

Sirvan las caídas para ejercitarnos en la santa virtud de la humildad, rezar piadosamente el Rosario de la Bienaventurada Siempre Virgen María, tener seguridad que alcanzarás la salvación eterna. 

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertireis, con tal que  recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Rosario. 


Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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