Fe y confianza en Dios.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Hermano pecador que lees ahora, para ti que te has desanimado por tus errores, para tí que has ofendido gravemente a Dios, para ti que has creído que no hay remedio para tus pecados, para tí que eres pecador dedico estas humildes  palabras.

Cualquiera que haya sido tu pecado y tus miserias espirituales, así hayas tenido la desgracia de vender tu alma al diablo o entregar tu cuerpo al pecado impuro, o seas el mismo Judas, te quiero decir, que Dios te ama, porque te creó a su imagen y semejanza, que te busca ahora mismo, que eres la imagen viva de la oveja perdida y del hijo pródigo.

Acércate a confesar tus pecados, pues Dios Nuestro Señor te quiere decir como a la mujer adúltera: Tus pecados te son perdonados, vete en paz... 

Dios te ama, porque eres su hijo [adoptivo en el Santo Bautismo], te ama porque murio por tu redención en la Santa Cruz, te ama porque te mantiene con vida, te ama porque eres parte de la obra de Dios. 

No eres una basura, ni un estorbo, eres muy importante, eres más que todo el oro del mundo, eres hijo adoptivo de Dios, eres un Santo en potencia, Dios quiere que vivas para siempre en el cielo. 

Fe y confianza en Dios, que una vez perdonados los pecados se olvida para siempre de ellos; fe y confianza en Dios que pensó en ti desde la eternidad, porque deja las noventa y nueve ovejas por ir a buscar a la oveja perdida. 

Sólo te pido humildad, porque Dios no desprecia un corazón contrito y humillado. Mucha humildad verdadera y no fingida.

“Cuando tu corazón caiga, levántalo suavemente, humillandote mucho en la presencia de Dios con el conocimiento de tu miseria, sin asombrarte de tu caída, pues no es de admirar que la enfermedad sea enferma, la flaqueza sea flaca y la miseria miserable. Pero detesta con todo tu corazón la ofensa que has hecho a Dios, y lleno de valor y de confianza en su misericordia, vuelve a emprender el camino de la virtud que habías abandonado”.  San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota. 

Por algo pasan las cosas, incluso los errores, llevan una gran enseñanza de humildad y de verdad:

“Bueno es que algunas veces nos sucedan cosas adversas y vengan contradicciones, porque suelen atraer al hombre a sí mismo, para que se conozca desterrado, y no ponga su esperanza en cosa alguna del mundo... Estas cosas de ordinario nos ayudan a ser humildes, y nos apartan de la vanagloria… Cuando el hombre de buena voluntad es atribulado, o tentado, o afligido con malos pensamientos, entonces conoce tener de Dios mayor necesidad experimentando que sin Él no puede nada bueno." Imitación de Cristo, Libro I, Capítulo XII. 

Debes tener mucha devoción a la Santísima Virgen María, particularmente rezar con mucha devoción el santo Rosario [despacio, al menos una parte de rodillas y con una cera encendida], aunque hayas vendido tu alma al diablo, es tan poderosa la Madre de Dios [Madre, Consuelo, Refugio, Abogada, de los pecadores que la invoquen verdaderamente] que puede alcanzar misericordia y perdón de tus abominables y execrables pecados, sólo se humilde y muy devoto de la Bendita Madre de Dios. 

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertireis, con tal que  recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Rosario.

Medita la historia de una mujer que se entregó al demonio:

“En el año 1578 una mujer de Amberes se entregó al demonio, firmando el acta de entrega con su sangre. 

Algún tiempo después se arrepintió, y, como sintiera gran deseo de reparar el mal que había hecho, buscó un confesor prudente y caritativo para conocer el medio de librarse del poder del diablo. 

Encontró efectivamente un sabio y virtuoso sacerdote que le aconsejó buscase al P. Henry, director de la Cofradía del Santo Rosario, del convento de Santo Domingo, para que la inscribiese en la Cofradía y la confesara, y así se lo pidió; más, en vez del Padre, encontró al demonio bajo la forma de un religioso que la reprendió severamente y le dijo que ninguna gracia podía esperar de Dios ni había modo de revocar lo que había firmado, lo cual la afligió mucho. 

No por eso perdió por completo la esperanza en la misericordia del Señor y volvió a buscar al Padre, encontrando nuevamente al diablo, que la rechazó como en la ocasión anterior; más repitiendo por tercera vez el intento, permitió el Señor que encontrase al P. Henry, a quien buscaba y que la recibió con caridad, exhortándola a confiar en la bondad de Dios y hacer una buena confesión; la admitió en la Cofradía y le ordenó que con frecuencia rezase el santo Rosario. 

Y un día, durante la misa que el Padre celebraba a intención de la mencionada mujer, la Santísima Virgen obligó al diablo a devolverle la cédula firmada, quedando de ese modo libertada por la autoridad de María y la devoción al Rosario.”

Obras de San Luis María G. de Monfort, BAC, 1953, página 368.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


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