Hermano pecador, salvate tu y deja el mundo entero.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 


Hermano pecador que quieres ser bueno, cuida mucho de un peligro extendido en nuestros días: juzgar a los demás, particularmente a los que profesan vida de santidad, así como a los católicos que frecuentan los sacramentos. 

El mal ejemplo que abunda entre los que asisten a la santa Misa desanima a los pecadores que quieren ser buenos y de una manera indirecta los aparta de los santos sacramentos. 

Hermano pecador, no hagas consistir tu buena voluntad o determinación de ser bueno en la vida de los demás, en la virtud  de los que le rodean; es un error muy peligroso, pernicioso, de graves consecuencias para la salud del alma. 

Usted hermano pecador atienda de usted, deje el mundo, aprenda a buscar sus objetivos, a poner sus metas, a ir a la Iglesia por su santificación; de otra manera está expuesto a mil peligros, dependiendo de mil circunstancia, detalles y cuestiones de poca monta. 

"Vela sobre ti, despiértate a ti, amonéstate a ti, y, sea de los otros lo que fuere, no te descuides de ti." Imitación de Cristo, Libro I, capítulo 25.

El lugar no hace santos, es la vida de la persona, son las disposiciones, la voluntad, la medida del aprovechamiento que cada uno pone en los medios de santificación que tiene por la Divina Providencia. 

¿Dónde pecó Luzbel? En el cielo. [ “Los espíritus malos (demonios) fueron creados buenos por Dios; pero se hicieron malos por su propia culpa” Dogma de fe.]

¿Dónde pecó Adán y Eva? En el paraíso. ¿Dónde traicionó Judas Iscariote a Nuestro Señor Jesucristo? En el colegio apostólico, entre santos y en presencia del mismo Dios. 

Hermano pecador, no suspire por vivir entre santos, por la compañía de los buenos, ubíquese en la realidad que la Divina Providencia lo ha colocado y ahí demuestre que ama a Dios, ahí donde Usted vive demuestre con hechos su convicción de católico, no se justifique en el mal ejemplo, en los hechos penosos que le han tocado vivir; en síntesis, el único responsable de que Usted no sea Santo es Usted. 

¿Que hay que hacer? 

1º Asuma responsabilidades.- No culpe a nadie de sus fracasos, de no ser bueno y santo; no se excuse [justificar] en las cosas que le han pasado en la vida, en las personas que le han traicionado o hecho la vida imposible o abusado de su buena fe. El único responsable es Usted, porque si Dios Nuestro Señor permitió que a Usted le ocurriera algo terrible, juntamente provee de las gracias necesarias para su aprovechamiento espiritual, "Y sabemos también, que a los que aman a Dios, todas las cosas les contribuyen al bien" Romanos VIII, 28. [Porque Dios hace, que todo coopere a su adelantamiento en la virtud.

2º Póngase a trabajar.- Con esmero, dedicación, constancia y humildad debe usted trabajar en la santificación de Usted; para lo cual debe apartar [dejar, quitar] de su vida lo que no aprovecha para su santificación y que no son sus obligaciones de estado [cuanto tiempo se pierde en hablar de los demás, en tratar temas que no convienen, en películas y diversiones, en visitas no necesarias, etc.] Cuide de tener examen de conciencia, de hacer sus oraciones cada día, de educar a sus hijos, de hacer buenas y santas confesiones y comuniones, de su lectura espiritual, de sus mortificaciones, del cuidado de su defecto dominante, de las ofensas que usted infiere a los demás sin darse cuenta [incurriendo en pecado]. No quiera ser el héroe que salvó al mundo, el hombre providencial que cambió el rumbo del catolicismo, el mártir que venció al enemigo; eso lo determina Dios, no Usted.

3º Educación de los sentimientos y del entendimiento.- Fundamental tener los sentimientos [el qué y cómo me siento] en su lugar, debe usted hacer las cosas no porque se sienta bien o le nazca, debe hacerse porque es la voluntad de Dios, porque es su obligación de estado, porque está trabajando en su santificación. 

4º El Santo Rosario.- Usted no se va hacer santo a usted mismo, debe tener una gran devoción a la Bendita Madre de Dios, materializada en el rezo cada día del Santo Rosario, cuidando de no estropear una obra santa, rece: despacio [entendiendo lo que dice], piadosamente, de preferencia con una cera encendida y de rodillas [al menos una parte]. Aquí radica el centro de su santificación: 

"La confianza del recurso que nosotros tenemos en María está basada en la grandeza del oficio de mediadora de la divina gracia que ejerce continuamente en nuestro favor delante del trono de Dios, como gratísima que es por su dignidad y por sus méritos, y, por consecuencia, eminentemente superior en poder a todos los ángeles y a todos los santos." Papa León XIII, encíclica: 'Jucunda semper', 8 de septiembre de 1894.

No se desanime hermano pecador, mucha perseverancia, paciencia y humildad, Dios le bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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