¿Humildad es traer vestidos viles?


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

“San Lorenzo Justiniano dice, que ninguno conoce bien qué cosa es humildad, sino el que ha recibido de Dios ser humilde: es cosa muy difícil de conocer. En ninguna cosa se engaña tanto el hombre, dice este santo, como en conocer la verdadera humildad. 

¿Pensáis que consiste en decir que soy un miserable, y que soy un soberbio? Si en eso consistiera, bien fácil cosa fuera, todos fuéramos humildes; porque todos andamos diciendo de nosotros que somos unos tales y unos cuales: plegue al Señor que lo sintamos así, y que no lo digamos solamente en la boca por cumplimiento. ¿Pensáis que consiste la humildad en traer vestidos viles y despreciados, o en andar en oficios bajos y humildes? No consiste en eso, porque ahí puede haber también mucha soberbia, y desear uno ser tenido y estimado por eso, y tenerse por mejor y más humilde que otros, que es la fina soberbia. 

Verdad es que ayudan mucho estas cosas exteriores a la verdadera humildad, si se toman como deben, como adelante diremos, c. 22 et seq.; pero al fin no consiste en eso la humildad. Dice san Jerónimo, epist. 27: Multi humilitatis umbram, veritatem pauci sectantur: Muchos siguen la sombra y apariencia de humildad: fácil cosa es traer la cabeza inclinada, los ojos bajos, hablar con voz humilde, suspirar muchas veces, y a cada paso llamarse miserables y pecadores; pero si a esos los tocáis con una palabra, aunque sea muy liviana, luego veréis cuán lejos están de la verdadera humildad: Auferuntur omnia figmenta, cessent simulati gestus, verum humilem patientia ostendit: Cesen todas las palabras fingidas, vayan fuera todas esas hipocresías y exterioridades, que el verdadero humilde en la paciencia y sufrimiento se echa de ver: esa, dice san Jerónimo, es la piedra de toque donde se conoce la verdadera humildad… 

y la humildad es verdad, y la soberbia y presunción es mentira y engaño; porque no sois vos lo que pensáis ni lo que queréis que los otros piensen que sois. Pues si queréis andar en verdad y en humildad, teneos en lo que sois. Por cierto que no parece que pedimos mucho en pediros que os tengáis en lo que sois, y que no os queráis tener en más; porque no es razón que nadie se tenga en más de lo que es, antes sería grande engaño, y muy peligroso, andar uno engañado en sí mismo, teniéndose por otro de lo que es.” 

San Alonso Rodríguez, Ejercicio de perfección y virtudes cristianas, tomo II, tratado III, capítulo VI.

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