La fe nos da la plena seguridad.


21 Dec
21Dec


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




La fe, - el fundamento positivo de la vida espiritual, como enseña Santo Tomás, porque es la que nos pone en contacto con lo divino-, la fe, nos da la seguridad de que allí en el Sagrario está Jesús. Y nos da una seguridad más grande que si Jesús se nos apareciera; porque las apariciones tienen sus dificultades: -¿será? ¿no será?- Y luego, que las apariciones no son sino imágenes sobrenaturales de la persona que se aparece, pero no la persona misma. Las apariciones personales, por lo menos son rarísimas; la aparición no es más que una imagen hecha sobrenaturalmente por un ángel, por ejemplo.

Mientras que en la Sagrada Eucaristía, no hay dificultades, ni distinciones, ni discusiones: aquí está Jesús. Podemos tener la plena seguridad.

Y la fe nos dice que lo tenemos en nuestro corazón. Y la fe nos hace ver a Jesús en nuestros prójimos. Y la fe nos hace ver las cosas de la tierra como son ante los ojos de Dios. De manera que podemos juzgar de todo por medio de la fe, con una seguridad, pudiéramos decir, divina.

Por eso dice la Escritura en muchísimos pasajes: “Mi justo vive de fe”. Los santos viven de fe.

San Juan de la Cruz, en casi todas sus obras, insiste muchísimo en que las almas se acostumbren a vivir de fe oscura, dice él. Esa es como la obsesión del santo, a cada paso nos habla de vivir de fe oscura. Y realmente, vivir de fe es alcanzar la salvación.

No nos agrada mucho vivir de fe, porque andamos siempre buscando el consuelo sensible. No: con la fe nos basta.

Dice San Pablo que es “la lucecita que arde en un lugar tenebroso, mientras apunta el día y brilla en el firmamento el lucero de la mañana.” [San Mateo XVII; San Marcos IX, 4].

Mientras vivamos en este mundo, la fe es la que nos guía. Y si aprendiéramos a vivir de fe, nos iríamos rápidamente hacia la cumbre; no extrañaríamos los consuelos, sino que aprenderíamos a vivir de fe oscura y, guiados por esta luz indeficiente, recorreríamos todos los senderos que nos llevan a Jesús.


Monseñor Luis María Martínez, Arzobispo de México, +1956. ‘El camino regio del amor’, página 122.






Ave María Purísima, sin pecado original concebida.







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