La prioridad es salvar nuestra alma.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Queridos hermanos, el mayor peligro que vivimos cada día en forma inadvertida, es la posibilidad real y verdadera de condenación eterna de nuestra propia alma en las llamas eternas del infierno.

El mundo es peligroso, enemigo de nuestra salvación eterna, porque tiene tal habilidad y destreza que hace olvidarnos casi por completo de vivir en gracia y amistad con Dios Nuestro Señor.

Comentarios

1º En medio de la corrupción del mundo que a cada uno le ha tocado vivir, debe tener tal destreza y habilidad para vivir en gracia y amistad con Dios Nuestro Señor, y una cuestión importantísima: no esperar o buscar quien me cuide, Usted cuídese a Usted mismo y salve su alma en medio del mundo. 

"Conservaos a vosotros mismos en el amor de Dios". Epístola de San Judas I, 21.


Difícil situación la del buen católico, con pocos auxilios espirituales, descuidos personales en materia de fe y costumbres, poca preparación en los rudimento de la Religión, y sobre todo en un mundo corrupto y corruptor, el cual influye en cada uno de nosotros.


¿Cómo salvar nuestra propia alma en estas condiciones? El camino más seguro, aconsejado por la santa Iglesia y por los santos es el rezo piadoso, devoto del Santo Rosario todos los días a la Bienaventurada Virgen María, Madre y refugio de los pecadores arrepentidos.

"Si sois fieles en rezarle devotamente hasta la muerte, a pesar de la enormidad de vuestros pecados, creedme: percipietis coronam immarcescibilem [1 Petr. V, 4]; recibiréis una corona de gloria que no se marchitará jamás. Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario, rosa encarnada.


Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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