La prioridad es salvar su alma.


03 Jul
03Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



El fin de nuestra existencia,  no depende de las mayorías o de las apreciaciones personales, porque es puesto de manera indeleble por el Autor de la vida, a saber: “Amar y servir a Dios Nuestro Señor en la presente vida, para verle y gozarle después de la muerte.”

Al morir el hombre, se separa el alma del cuerpo, enfrenta un juicio ante el Eterno Padre de su vida en relación al fin de su existencia, del cuál se desprende una sentencia irrevocable: cielo eterno o infierno eterno.

“Si alguno muere en pecado mortal sin penitencia, sin género de duda es perpetuamente atormentado por los ardores del infierno eterno. Las almas, empero, de los niños pequeños después del bautismo y también las de los adultos que mueren en caridad y no están retenidas ni por el pecado ni por satisfacción alguna por el mismo, vuelan sin demora a la patria sempiterna.” SS. Papa Inocencio IV, 1º Concilio de Lyon, Decreto del 6 de marzo de 1245. Dz. 457.


Consideraciones


1º La salvación eterna es la prioridad.

Independientemente de las circunstancias particulares de cada época, región, idiosincrasia el hombre debe buscar su salvación eterna, la cuál inicia con la muerte en la presente vida.

Para salvarse requiere esencialmente estar bautizado, tener la fe verdadera, vivir en gracia de Dios; si hay pecados, confesarlos en el Sacramento para recobrar la gracia de Dios Nuestro Señor.

Cuando por circunstancias de la providencia Divina las almas no tienen posibilidad inmediata del sacramento de la penitencia, deben hacer un acto de arrepentimiento sincero de sus pecados, enmendar su vida y confesar íntegramente sus pecados a la mayor brevedad posible, conforme a las circunstancias particulares.

“La contrición perfecta unida al deseo de confesarse, borra el pecado mortal aún antes de la confesión; porque nace de la caridad, la cual no puede hallarse en el alma junto con el pecado mortal. Es necesario que vaya unido el deseo de confesarse, porque Cristo estableció la confesión como medio necesario y obligatorio para obtener el perdón; por eso para obtenerlo es necesario confesarse de hecho; o si no se puede, al menos el deseo.” Padre Rafael Faria, Curso superior de religión’ No. 823, a.

“La contrición, que ocupa el primer lugar entre los mencionados actos del penitente, es un dolor del alma y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante. Ahora bien, este movimiento de contrición fue en todo tiempo necesario para impetrar el perdón de los pecados, y en el hombre caído después del bautismo, sólo prepara para la remisión de los pecados si va junto con la confianza en la divina misericordia y con el deseo de cumplir todo lo demás que se requiere para recibir debidamente este sacramento… Enseña además este santo Concilio que, aun cuando alguna vez acontezca que esta contrición sea perfecta por la caridad y reconcilie el hombre con Dios antes de que de hecho se reciba este sacramento; no debe, sin embargo, atribuirse la reconciliación a la misma contrición sin el deseo del sacramento, que en ella se incluye.” Concilio de Trento, Sesión XIV, ‘Doctrina sobre el sacramento de la penitencia’, capítulo 4. 25 de noviembre de 1551.



2º Grave error es vivir en pecado mortal.

La soberbia del hombre tiende a formar en su mente la doctrina que se le acomoda, de tal suerte que aunque viva de hecho en pecado mortal, ha desarrollado su propio error: el autoconvencimiento de que vive sin pecado.

Los mandamientos son dados por Dios Nuestro Señor, los cuales son claro e inamovibles, no dependen en absoluto de la opinión de las mayorías, por eso el hombre debe acomodarse al Autor de su vida por medio de una vida conforme al santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo; por esto Sam Ignacio de Loyola en sus ‘Ejercicios espirituales’ instruye: “Servir a Dios; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere ser servido.”

El estado de gracia estriba fundamentalmente en tener la fe verdadera, estar bautizado, vivir en estado de gracia; si hay pecado, confesarlo en el sacramento de la penitencia; todo lo cuál es en el aquí y ahora, la practica del amor del hombre a Dios Nuestro Señor, los hechos que atestiguan la observancia de los mandamientos divinos.

"Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras." Evangelio de San Juan XIV, 23.

En la sociedad corrupta, anticristiana que vivimos por gracia de Dios, es posible ser santo, es un deber cumplir los mandamientos, lo cuál está en nosotros, en el uso libre de nuestra voluntad para cumplir los mandamientos de la santa ley de Dios.

"En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original. Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios. El hombre no puede salir de la siguiente alternativa: o se somete a Dios o queda sometido al diablo". Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, § 124, página 274.

Es común las personas, congregaciones y sociedades enteras que dicen servir a Dios Nuestro Señor con los labios, pero en los hechos se sirven del santo nombre de Dios para su beneficio personal aparentando vivir en gracia delante de los hombres, conculcando los santos mandamientos, el Evangelio, el Derecho Canónico; utilizando las verdades eternas para sus fines personales.

“¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas, que sois semejantes a los sepulcros blanqueados, que parecen de fuera hermosos a los hombres y dentro están llenos de huesos de muertos, y de suciedad. Así también vosotros, de fuera os mostráis en verdad justos a los hombres: más dentro estáis llenos de hipocresía, y de iniquidad.” Evangelio de San Mateo XXIII, 25.

Haga todo lo que tenga que hacer, sus proyectos en bien de la Iglesia y del entorno social en el cual vive; pero sea la prioridad vivir en gracia de Dios, no sea su labor social el motivo o pretexto para vivir en pecado mortal.



3º El santo Rosario.

Queridos hermanos, debemos con esmero rezar cada día el Santo Rosario a la Santísima Virgen María, son muchas las promesas contenidas en la devoción de la Bendita Madre de Dios.

Cuidar que el rezo diario del Santo Rosario no se pierda o resulte sin ganancia por errores comunes: rezar sin atención [con tedio o aburrimiento], rápido [de manera atropellada], sin las disposiciones del cuerpo [de preferencia de rodillas], rezarlo en pecado mortal sin deseo de apartarse del pecado.

El Santo Rosario en muchas almas no hace los efectos maravillosos de la gracia, porque las personas no les interesa rezarlo con atención, despacio, de rodillas, con arrepentimiento y detestación de sus pecados.

Cuide Usted de rezar cada día el santo Rosario de la santísima Virgen María, despacio, con atención, de rodillas, implorando las divinas misericordias de la Augusta Reina de los Cielos.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.

Dios te bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.













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