La vida del alma requiere método y constancia.



“Muchas veces no se adelanta, no porque no se trabaje, sino porque no se trabaja en lo que debería trabajarse.

Hay almas que son como mariposas que van de flor en flor; unos días en la flor de la humildad, otros en la dulzura, otros en la de la caridad; trabajan unos días en una cosa, otros días en otra. Naturalmente que debe ser muy escaso el fruto de ese trabajo.

Es necesario concretar perfectamente en lo que debemos trabajar e insistir ahí con constancia y método.

Otras trabajan con método y constancia, pero no en lo que deberían trabajar. Están necesitando urgentemente la humildad, y se ponen a trabajar en la dulzura, por ejemplo. Muy buenos son esos trabajos, pero no está ahí su necesidad principal.

Como esos métodos que únicamente combaten los síntomas de la enfermedad, pero no van a la raíz. Algún alivio podrá sentir el enfermo, pero no se cura radicalmente la enfermedad. Para que la enfermedad desaparezca es necesario que el medico ataque su raíz misma.

Así nosotros, no debemos conformarnos con atacar los síntomas de nuestras enfermedades espirituales, sino que tenemos que ir a la raíz de ellas y determinar en cada una de las etapas de nuestra vida espiritual cuál es la causa y raíz de nuestro mal, en dónde está el punto en que nosotros debemos trabajar y en el que debemos concentrar nuestros esfuerzos. Es algo importantísimo.”


Monseñor Luis María Martínez ( + 1956), Arzobispo Primado de México, Espiritualidad de la Cruz.

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