La vida espiritual es lucha, trabajo y esfuerzo.


“Para ponerme en contacto con Dios debo buscar medios y métodos y sistemas y ciertas reglas ingeniosas. Y lo mismo en mi lucha en lo exterior; no voy a luchar a lo tonto, repartiendo mandobles a derecha e izquierda, sino saber a quién y cómo; tengo que luchar con cierta táctica; si tengo diez o doce enemigos, no me voy a enfrentar con los doce al mismo tiempo. ¿Por dónde comienzo? ¿A cuál venzo primero? Tendré que elegir con quién voy a comenzar, y buscar y estudiar el modo de combatirlo y sistematizar debidamente aquella lucha.

Y luego, en las demás etapas, ya que acabé de luchar con éstos, me encuentro con otros; porque así sucede en el combate espiritual: ya parece que está el campo limpio de enemigos y disfruto por unos momentos de paz. Pero apenas me deja Nuestro Señor disfrutar de unos momentos de calma, cuando debo comenzar de nuevo a luchar, porque se presentan nuevos enemigos y nuevos desórdenes; no hay más remedio ¡ a luchar otra vez !

Y se acabó aquella etapa de la vida espiritual y vuelvo a encontrar el descanso. ‘Ahora sí, esto es definitivo’. Y nada, a poco resultan otros nuevos enemigos. Porque dice la Escritura que la vida del hombre sobre la tierra es una lucha constante (Job VII, 1; XIV, 1).”


Monseñor Luis María Martínez ( + 1956), Arzobispo Primado de México, Espiritualidad de la Cruz, Capítulo XXI.

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