La vida espiritual es para soldados combatientes.


23 Jul
23Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


La vida espiritual es para soldados combatientes que en una y mil dificultades deben permanecer firmes en la lucha por la salvación eterna de su alma, en caídas y recaídas, en medio de amigos y enemigos, de hostilidades por mantener la mayor honra y gloria de Dios Nuestro Señor en el cumplimiento de los mandamientos de la santa ley de Dios y de la Iglesia: 'Viriliter ager', pelea varonilmente.

“Tened mucho cuidado de no admitir en vuestras filas a esos blandos y sensuales que temen la menor molestia, que claman y se quejan ante el dolor más insignificante”. San Luis María G. de Montfort, Carta a los amigos de la cruz, No. 17.

Consideraciones.


1º El hombre vive para hacerse santo o demonio.

El católico esta en medio de tres enemigos: mundo, demonio y carne; los cuales hacen alianza por conducir a la perdición eterna, valiéndose de cuantos motivos puedan aducir a su fin, verdades con mentiras, siempre buscando el estado habitual de pecado.

El católico no puede esperar un trato justo, honesto y decente en el combate presente; las principales armas de Satanás es la mentira, la simulación y el engaño, por ello requiere una santa inteligencia fundada en la confianza en Dios Nuestro señor y en la santa virtud de la humildad para sacar provecho de todo, buscando siempre la mayor gloria de Dios Nuestro Señor, donde lo que menos interesa es el ‘qué y cómo me siento’, que viene a reducirse en meros amor de su propia excelencia.

“Si no queréis sufrir con paciencia y llevar vuestra cruz con resignación, como predestinados, la habréis de llevar rezongando y con impaciencia, como réprobos. Os asemejaréis a aquellos dos animales que arrastran el arca de la Alianza mugiendo [1 Rey. 6, 12]. Imitaréis a Simón Cirineo, quien, a pesar suyo [Mt. 27, 32; Mc. 15, 21], echó mano a la cruz misma de Jesucristo y que no cesaba de murmurar mientras la llevaba. Os sucederá a vosotros lo que ocurrió al mal ladrón, quien desde lo alto de la cruz cayó al fondo de los abismos.” San Luis María G. de Montfort, ‘Carta a los amigos de la cruz’ No. 33.


2º Aprender a vivir haciendo la voluntad de Dios.

Uno de los principales errores del hombre en la tierra es buscar a toda costa la felicidad sin cruz, la alegría sin sufrimiento, la perfección sin Dios; esta tierra es un ‘valle de lagrimas.. desterrados hijos de Eva’, donde lo fundamental no es estar a gusto, sino amar y servir a Dios Nuestro Señor en donde nos toque, en las condiciones particulares que la Divina Providencia determine para cada ser humano.

El amor propio es el problema del ser humano, la necesidad imperiosa de buscar todo a gusto personal, cuando lo fundamental es amar y servir a Dios Nuestro Señor como él quiere ser amado, entre buenos o entre demonios, disfrazando muchas veces el amor propio o el juicio personal en el celo por la gloria de Dios, exigiendo de los demás la perfección cuando uno esta plagado de defectos.

“Los santos todos han sido grandes luchadores; los amantes de las comodidades, del placer y de la dulce inercia son seres inferiores, inútiles, rudimentarios; la alta vida cristiana en ellos no puede desplegarse, como no se desarrolla en aquellos infusorios que viven en las aguas estancadas y estancadas de ciertas lagunas. Nuestro maestro y capitán Jesús, nuestro dulce Salvador va delante en la carrera de la vida, su victoria es la nuestra, y en el certamen de las pasiones, contradicciones, persecuciones y vicios de la vida, sólo con su gracia, con su ejemplo y su doctrina podremos obtener el premio y corona que Él prometió a sus discípulos.

El cristiano es un combatiente; y es doctrina común de la Iglesia de Dios que el cristiano que no combate está ya vencido.”  Doc. D. José Torras y Bages, Obispo de Vich, ‘De la Ciudad de Dios y del evangelio de la paz,’ 1913, tomo III, pagina 178.


3º Hágase la voluntad de Dios.

Ver en todo la ganancia para sacar provecho de humildad, de paciencia, de fe y confianza en Dios Nuestro Señor; desde el inicio del día tener el deseo de aprovecharse de todas las oportunidades que la Divina Providencia guste enviarnos para alcanzar mayores merecimientos, independientemente si es justo o injusto, si las personas obran de recta o mala intención, eso no interesa cuando el hombre desea alcanzar la salvación eterna y esta determinado a santificarse en donde lo pongan.

Este estilo de vida se puede alcanzar con la gracia de Dios, con una voluntad determinada a salvarse, esa es la verdadera humildad y el amor verdadero donde lo importante no es lo que uno quiere, desea, aspira y ama; sino que en todo se haga la santa voluntad de Dios Nuestro Señor: Fiat voluntas tua…

Llegar hasta esta entrega es fruto de un alma madura, para lo cual es muy aconsejable rezar cada día el Santo Rosario a la Santísima Virgen María, despacio, de rodillas y con atención, recibiendo por este medio y la santa perseverancia las gracias necesarias para alcanzar la medida del amor con la meditación de los sagrados misterios del Santo Vía Crucis.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados."  San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.










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