Las caídas después de la conversión.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Cuando un pecador alejado de la oración, de la santa Iglesia, toma la determinación de apartarse del pecado por la gracia de Dios y su libre voluntad, ha de prepararse para combatir y evitar las ilusiones que puedan provocar una recaída mayor.  


Consideraciones.


1º Una vez que se ha decidido ser bueno, seguir a Cristo. Tiene la buena voluntad y la gracia de Dios, pero sigue siendo humano con costumbres pecaminosas, por lo cuál no se crea impecable, ni perfecto, ni se imagine una vida siempre llena de fervor sensible, de no tentaciones, de todo felicidad al modo humano.


2º Una voluntad determinada a combatir con Usted y con los demonios. Con la confesión y el cambio de vida, los demonios buscaran combatirlo, por esto debe prepararse a mayores tentaciones o problemas que propongan o sugieran  intelectualmente: 'era mejor la vida que tenías antes, tenías menos problemas, eras más feliz, etc.' 

"Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares secos, buscando reposo y no halla. Entonces dice: Me volveré a mi casa, de donde salí. Y cuando viene, hállala desocupada, barrida, y alhajada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entran dentro, y moran allí: y lo postrero de aquel hombre es peor que el primero." Evangelio de San Mateo XII, 45.


3º Lo difícil no es la determinación, sino la perseverancia en el bien. Bendito sea Dios que se ha decidido a cambiar, ahora concentrarse en mantenerse, en perseverar con inteligencia, con el Santo Rosario todos los días, acomodando su vida entera [amistades, costumbres, música, películas, lecturas, ambiente, etc.] a Dios Nuestro Señor.


4º Cuidado con los sentimientos. En la vida espiritual un grave daño es querer sentir [sensiblemente] la presencia de Dios, el amor de Dios, la paz, etc. etc. Va por mal camino, buscandose a sí mismo, buscando en la religión o en la vida de gracia su conveniencia; en el momento de la aprueba o de las recaídas el alma se doble, se hace víctima [pobrecita de mí, he sufrido mucho, me ha pasado esto y esto, etc.] y termina por echarle la culpa a Dios, justificando su falta de humildad: 'así nací, así soy, y no voy a cambiar; yo quise, pero Dios no quiso.'

"Una persona verdaderamente devota de la Virgen no es inconstante, melancólica, escrupulosa ni tímida. Y no quiere esto decir que no caiga ni experimente algún cambio en lo sensible de su devoción; sino que, si cae, se vuelve a levantar tendiendo la mano a su bondadosa Madre, y, si carece de gusto y de devoción sensible, no se desazona por ello; porque el justo y el devoto fiel de María vive de la fe de Jesús y de María y no de los sentimientos del cuerpo." San Luis María G. de Montfort, La verdadera devoción a María, No. 109. 







Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



 

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