Las tentaciones, distracciones y somnolencia en la oración.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Algunas veces el buen católico sufre muchas dificultades en la oración, particularmente en el santo Rosario y en la santa Misa, sobre todo cuando lleva más devoción o sed de Dios, lo cual provoca desconsuelo, confusión y aflicción del espíritu, pues considera que él es el causante de todo eso. 

Cuando uno se prepara para hacer oración, se arrodilla, vence las dificultades propias que impiden en la vida común el rezar piadosamente, es lógico, que no se va arrodillar e invocar a Dios para el mismo llevar a la mente y a la parte sensitiva [movimiento de carne] la impureza. 

Anotaciones: 

1º Enemigos.- El alma tiene tres enemigos: mundo, demonio y carne, los cuales hacen alianza para combatir incansablemente la oración y la vida de piedad, incluso el oficio del demonio es apartar las almas de Dios Nuestro Señor. 

1.1. “Ningún otro deseo tiene el demonio, ningún otro negocio, ningún otro empeño que perder nuestra alma” San Bernardo, De Medit. C XIII 

1.2. "El diablo odia a Dios, vive en el odio a Dios, o sea odia a la Bondad en persona. Por eso no puede amar nada y a nadie. El diablo, al odiar al hombre odia en él a Dios, al Creador y al Santo. Se esfuerza por separar al hombre de Dios para llevarlo a un estado de apartamiento de Dios. El diablo combate el reino de Dios, el poderío de Dios, incondicionalmente.” Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §124. 

1.3. "El demonio obra directamente sobre el cuerpo, sobre los sentidos externos e internos, en especial sobre la memoria y la imaginación, como sobre las pasiones que tienen su asiento en el apetito sensitivo…" Tanquerey, Teología Ascética y Mística, página 156. 


2º Confusión.- La dificultad surge, cuando una parte del hombre siente agrado y gusto por la propuesta de pecado o tentación, aunque no lo quiere, existe un cierto agrado o gusto, por lo cual causa confusión, dudas sobre el consentimiento y sobre si realmente lo produce la persona o no. 

2.1. Toda tentación, para que realmente lo sea debe causar algún gusto o placer en la parte sensitiva; si no causa ninguna atracción o deseo, sencillamente no es tentación. 

2.2. La pregunta no debe ser si agrada o no, sino: hay consentimiento total y voluntario de la propuesta de pecado, muy al margen e independiente de la parte sensitiva y de los movimientos carnales. El católico simplemente debe decir: no quiero, aunque el cuerpo lo pida, lo exija o lo busque, no se trata de que siento, sino, que quiero.

2.3. "¿Qué no hará contra nosotros este espíritu malo mientras nosotros rezamos el Rosario contra él? Aumenta nuestra apatía y negligencias naturales antes de empezar nuestra oración; aumenta nuestro tedio, nuestras distracciones y nuestro decaimiento mientras rezamos; nos deprime de varios modos, y cuando lo hemos concluido con trabajo y distracciones, se mofará de nosotros diciéndonos: 'no has hecho nada meritorio; tu Rosario nada vale; mejor te fuera trabajar y ocuparte en tus negocios; pierdes el tiempo en rezar tantas oraciones vocales sin atención; media hora de meditación o una buen alectura valdrían mucho más. Mañana, que no tendrás tanto sueño, rezarás con más atención; deja el resto de tu Rosario para mañana'. De este modo, el Diablo, con sus artificios, consigue que se abandone el Rosario más o menos por completo o siquiera que se dude y se difiera." San Luis María G. de Montfort, Secreto del Santo Rosario, rosa XLIII.


3º Qué debe hacer.- Debe prepararse piadosamente, rezar con atención y piedad, y, muchísima perseverancia, humildad y constancia. 

3.1. Procure preparar su oración con la lectura espiritual, silencio, un lugar de preferencia discreto, ordenado y limpio. Rezar el Santo Rosario con buena disposición. 

"Aunque durante todo el Rosario haya estado vuestra imaginación llena de ideas extravagantes, si las habéis procurado desechar lo mejor posible desde el momento en que os disteis cuenta de ello, vuestro Rosario es mucho mejor, porque es más meritorio y tanto más meritorio cuanto más difícil, y es tanto más dificil cuando resulta naturalmente menos agradable al alma." San Luis María G. de Montfort, Secreto del Santo Rosario, rosa XLIII.

3.2. Poner atención a lo que hacemos y decimos. meditar los santos misterios que rezamos en el Santo Rosario, con inteligencia, no medir la oración por los sentimientos o gozo sensible, pues podemos caer en una trampa. Muy al margen de lo que se pueda sentir, hacer las cosas bien hechas, con deseo de agradar a Dios Nuestro Señor. 

3.3. Muchísima perseverancia, independientemente de los problemas, de los estados anímicos, sentimientos, tentaciones, pecados y problemas, ser muy constantes, disciplinados y enérgicos en el rezo piadoso y atento del santísimo Rosario todos los días. 

"Si es preciso que luchéis durante todo el Rosario contra las distracciones, combatid valientemente con las armas en la mano; es decir, continuando el Rosario, aunque sin gusto ni consuelo sensible:es un terrible, pero saludable combate para el alma fiel." San Luis María G. de Montfort, Secreto del Santo Rosario, rosa XLIII.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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