Las tentaciones y las caídas son parte del crecimiento.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

La vida espiritual del hombre está unida a su cuerpo: al entorno social, cultural, psicológico, emocional, y demás factores de las condiciones donde la Divina Providencia lo ha colocado. 

La esencia de la vida espiritual, sea cualquiera el lugar y las condiciones es el amor a Dios Nuestro Señor, esto es: la santificación del alma mediante el cumplimiento de los mandamientos, la verdadera fe católica, el cumplimiento de sus deberes de estado y la abnegación o renunciamiento de su propia voluntad para que Cristo Jesús reine en su corazón.

Hablando de almas buenas, nobles, que discretamente -por así decirlo- quieren acercarse a Dios, pero, sin los protagonismos que suelen verse en algunas  almas con excesiva devoción exterior [de tanto golpe de pecho con cierto protagonismo, de cierta ansia por estar siempre en los primeros lugares en todo] me refiero a ciertas almas que por su edad o por su manera de ver las cosas quieren acercarse a Dios discretamente.   

Enfrentan un problema principal, a saber: LAS TENTACIONES  o invitación a pecar; quiero aclarar: cuando hablamos de tentaciones no es unicamente la invitación al pecado impuro, sino tentaciones de todo tipo: contra la fe: dudas contra la eficacia de la absolución sacramental, contra la presencia real del Santísimo Sacramento, dudas sobre algunos dogmas; tentaciones de tristeza [depresión], de avaricia [desesperación por falta de dinero o por no tener más], de pereza, de envidia, celos, enojos, soberbia, etc. etc. 

Anotaciones:

1º La eficacia de la tentación.- El demonio se acerca a todo hombre para invitarlo a pecar [tentación], dependiendo de su temperamento, inclinaciones, idiosincrasia, cultura, etc., le sugiere a traves del pensamiento, del sentimiento y de la imaginación un pecado con cierta apariencia de bondad, de justicia y hasta de "santidad". La eficacia de la tentación estriba en que el hombre crea que unicamente él produce ese pensamiento, en el cual nada tiene que ver el demonio o tentador; de tal suerte que conciba la tentación como un deseo propio, lo cual le da más fuerza a la tentación porque desconoce el origen real y el mal tan grande para la salud de su alma.

1.2. “Sed sobrios, y velad; porque el diablo vuestro adversario anda como león rugiendo alrededor de vosotros, buscando a quien tragar.” San Pedro V, 8.2. 

1.3. “Ningún otro deseo tiene el demonio, ningún otro negocio, ningún otro empeño que perder nuestra alma” San Bernardo, De Medit. C XIII.

1.4. “¿No es acaso él, el que introdujo la guerra en el cielo, el engaño en el paraíso; el que puso discordia entre los primeros hombres y sembró el mal por todas partes? Él es el que oculta en el alimento el incentivo de la gula; en el trabajo la pereza; en la procreación la lujuria; en la conversación la envidia; en la administración la avaricia; en la corrección el ímpetu de ira; en el mandato el orgullo. Si estamos en vela nos impulsa al mal; si dormimos nos infesta con torpes sueños. En fin, que todos los males que se cometen en el mundo derivan de su maldad” San Agustín psalmus 130-5; “El Ángel caído” p.140 2Ed. Madrid España.


2º El desconcierto en el buen católico.- Lo que afecta realmente al buen católico es que ese deseo o invitación está dentro de él, en algunos casos es una exigencia de su cuerpo o de su mente, acompañada de conmociones [movimientos de la carne] que llegan a dudar si hubo consentimiento o no, pues se presenta la delectación: un agrado por la tentación, pero no hay un total consentimiento, como un periodo de duda acompañada de cierta complacencia. El alma se conturba, se asusta, se enoja y como que se desanima. 

2.1. Primero que nada usted no es un santo, por lo cual no se espante de y tener tentaciones, ni aún me atrevo a decirlo de consentir, sí, esto es una guerra a muerte: el cielo o el infierno; si se ha pecado pues ¡arriba!, ubiquese y a seguir luchando; no cometa el error de quedarse en meditación [cómo asombrado porque usted no pudiera pecar] tres días o una semana.... Error, inmediatamente confesión -si está en sus manos- y trabajar.


3º Paciencia con acción y dirección.- Me gusta mucho un dicho que escuche en España: "Sin prisa, pero sin calma", la vida espiritual no es a puntapiés, pero tampoco con una calma que no quiere mover un dedo; trabajar constantemente, apaciblemente -no con ansias de terminar, sino como un estilo de vida en el que puede muy bien adaptarse hasta su muerte-. 

3.1. Las caídas son parte de la realidad, son formativas en la humildad, en la paciencia, en la perseverancia; van componiendo el bagaje de la experiencia, la cual enseña sus limitantes y su necesidad del auxilio divino para sobrellevar las tentaciones y dificultades de la presente vida. 

3.2. Cuando cometas un pecado o un error, no se empiece a reprender asperamente, a desanimarse, no; con caridad, inteligencia y buena voluntad enderezar el camino, levantarse y adelante: “Cuando tu corazón caiga, levántalo suavemente, humillándote mucho en la presencia de Dios con el conocimiento de tu miseria, sin asombrarte de tu caída, pues no es de admirar que la enfermedad sea enferma, la flaqueza sea flaca y la miseria miserable. Pero detesta con todo tu corazón la ofensa que has hecho a Dios, y lleno de valor y de confianza en su misericordia, vuelve a emprender el camino de la virtud que habías abandonado”. San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota. 

Ánimo hermano pecador, a vivir con alegría, con inteligencia y sobre todo con mucha devoción al Santo Rosario de la Santísima Virgen María, que tanto nos ama, si se te hace difícil rezarlo, comienzo por un misterio todos los días, y todo irá mejor. 

Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Etiquetado:  alimento para el alma

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