Lleva con paciencia tu propia miseria humana.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Queridos hermanos que sufren por no poder ser buenos en el mundo, que padecen la persecución silenciosa de la carne, que padecen por no poder amar y servir a Dios Nuestro Señor como quisieran en los días presentes. 

Es una verdadera cruz la rebeldía de nuestra propia carne, la miseria humana y la inconstancia de nuestros santos propósitos, porque una y muchas veces constatamos en nuestra vida que no podemos por nuestras propias fuerzas alcanzar una vida de santidad verdadera y no fingida. 


Consideraciones


1º El ser humano tiene una herida en su propia naturaleza, una inclinación al pecado, la cual se confirma por el estado de pecado original en el cual todos hemos nacido, que con la gracia del santo bautismo es borrada para ser hijos de Dios por adopción: "Pater noster, qui es in cælis, sanctificétur nomen tuum" Padre nuestro que estás en los cielos...


2º Lleva con paciencia tu propia miseria humana, combate con las armas y arnés de Dios Nuestro Señor, ármate con la Sagrada Doctrina, con las paciencia, la humildad y la caridad; con la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, con la sagrada confesión y comunión frecuente, resistid valerosamente en medio del mundo corrupto y corruptor que nos ha tocado vivir, teniendo presente que Dios Nuestro Señor nos ha de recompensar con la gloria eterna después de la presente vida.

"Hermanos: Renovaos mediante una transformación de vuestro pensamiento, y revestíos del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y en santidad verdadera." San Pablo a los Efesios 4, 23.


3º Perseverad en el rezo pausado y atento del Santo Rosario, recordando que la verdadera devoción a la Santísima Virgen María ha convertido a los más grandes pecadores, mediante la sagrada devoción del Santo Rosario.

"El Beato Alano de la Roche, el P. Juan Dumont, el P. Thomas, las crónicas de Santo Domingo y otros autores, que fueron de ello testigos oculares, refieren un gran número de conversiones milagrosas de pecadores y pecadoras, que después de veinte, treinta o cuarenta años en el mayor desorden, nada había podido convertirlos, y se convirtieron, no obstante, por esta maravillosa devoción [el Santo Rosario]" San Luis María G. De Montfort, El Secreto del Santo Rosario, rosa XL. 


Dios te bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.








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