Los buenos propósitos son insuficientes para cambiar de vida.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 


Queridos hermanos, en algunas etapas de nuestra vida hemos sentido el impulso de la gracia de Dios para cambiar, para abandonar el pecado y tornarnos a la santidad.

"Á despojaros del hombre viejo, según el cual fué vuestra antigua conversación, que se vicia según los deseos del error. Renovaos pues en el espíritu de vuestro entendimiento. Y vestíos del hombre nuevo, que fué criado según Dios en justicia, y en santidad de verdad." San Pablo a los Efesios IV, 24. 

Lo ordinario en los impulsos de la gracia, es hacer grandes y firmes propósitos de santidad de vida, fundados en el espíritu que anima en ese momento, donde contamos con una gracia de Dios, y ordinariamente se considera que siempre tendremos las mismas disposiciones, lo cual no es posible por las limitaciones de la naturaleza humana.

En la práctica, se hacen los propósitos muy santos, al tiempo el alma reincide en el pecado, algunas veces con más fuerza. En ese momento hay un choque emocional: '¿Porque he pecado si tenía tan santos deseos?, ¿Tal vez no nací para ser tan bueno?, ¿Fué la ilusión del momento o será que Dios no me quiere, que está enojado conmigo, etc. etc. etc.?'


Consideraciones 


1º La naturaleza humana tiene una inclinación natural al pecado [porque ha nacido en estado de pecado original], lo cuál hace más meritorio su esfuerzo y santidad de vida con la gracia de Dios. 

La naturaleza humana tiene constantes cambios anímicos, emocionales, por lo cual no es suficiente un propósito muy bueno pero impreciso: "Quiero ser bueno" ¿y eso qué significa, qué se debe hacer y cómo se va a conseguir? El simple propósito es insuficiente, de hecho va directo al fracaso, lo cual lleva como consecuencia que llegue a convencerse de que es muy malo y de que nunca va a cambiar de vida. 

La realidad es que no tiene método, no ha concretizado en hechos reales y no tiene los pies en la tierra, cree que ya "lo tocó Dios" y con eso va a ser muy santo y al final, hasta se enoja con Dios. 


2º Requiere aprender a vivir, aprender a ser feliz con la gracia de Dios, aprender a disfrutar de muchísimas cosas de las cuales nos priva el pecado. "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir ganancia." San Pablo a Filipenses I, 21.

Necesita una reforma de costumbres: desterrar de su vida las malas amistades [con quienes peca o son ocasión], circunstancias en las que normalmente cae en pecado, revisar sus lecturas, videos, musica, objetivos de vida, en fin: si quiere cambiar de vida se requiere hacer cambios reales en su vida, donde se den las condiciones de santidad que nos aseguren el propósito que nos hemos propuesto.


3º El demonio que es expulsado por la santa confesión sacramental, va a regresar con más fuerzas, que se manifiesta en las recaídas, muchas veces en cadenas más fuertes. Es ahí donde la ignorancia, la mediocridad unida a la acción del demonio vienen a convencer al pobre católico de que le conviene no rezar tanto, no confesarse mucho, no ser bueno pero no tan malo, y en ese estado se va muy bien. [claro, muy bien al infierno]. 

"Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no le halla. Entonces dice: Me volveré a mi casa, de donde salí. Y cuando viene, hállala desocupada, barrida y alhajada. Entonces va, toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entran dentro, y moran allí: y lo postrero de aquel hombre es peor que lo primero." Evangelio de San Mateo XII, 43.  

Porque el alma que lucha por vivir en gracia de Dios, representa un amenaza a Satanás y le hace guerra sin cuartel, una vez encadenado al pecado mortal, le da una falsa paz: no tentaciones, no problemas humanos, algunas veces deja ciertos vicios [alcoholismo, droga, u otros], pero está atado por un adulterio, algunos casos lamentables pierden la fe haciéndose de la secta de los protestantes o alguna idea herética que le sugiera Satanás. 

"Los mundanos, al contrario, para incitar a perseverar en su malicia sin escrúpulo, claman todos los días: 'Vivamos, vivamos; paz, paz; alegría, alegría; comamos, bebamos, cantemos, bailemos, divirtámonos; Dios es bueno; no fuimos creados para el infierno; no prohíbe Dios el divertirse; no nos condenaremos por eso; fuera escrúpulos'." San Luis María G. de Montfort, 'Carta a los amigos de la Cruz', número 10.


4º Si realmente quiere un propósito tan santo como vivir en Cristo por la gracia, debe estar resuelto a jugarse el todo por el todo, a poner el cien por ciento, a tener una resolución de poner el alma en esta santa labor de toda la vida. 

"Una voluntad a medias, al igual que una oveja sarnosa, basta para contagiar todo el rebaño. Si entre vosotros hubiera ya alguna de ésas que se haya introducido en vuestro redil por la falsa puerta del mundo, echadla fuera en nombre de Jesucristo crucificado, considerándola como lobo entre ovejas." San Luis María G. de Montfort, 'Prácticas de la perfección cristiana' No. 15. 

Dispuesto a morir, con capacidad de adaptarse a las peores circunstancias, cruces y reveses de la vida con tal de vivir en Cristo, de lo contrario le escribo las palabras que se le atribuyen a: Aixa, madre Sultana de Mohammed ben, cuando perdió Granada: "No llores como mujer, lo que no supiste defender como hombre." 


5º Lo fundamental, medular y determinante para un cambio de vida con los pies en la tierra, es perseverar todos los días en el rezo del Santo Rosario a la Santísima Virgen María, pero rezarlo bien, es decir: despacio, con atención, con verdadera devoción. 

Lo ordinario es que se presenten muchas caídas y recaídas, pero debe ser muy constante en levantarse inmediatamente, corregir, estudiar nuestras caídas para poner los remedios saludables, y REZAR PIADOSAMENTE TODOS LOS DÍAS EL SANTO ROSARIO.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario. 

 

Dios te bendiga.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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