Los demonios temen al santo Rosario.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



"Al R. P. Juan Amat, de la Orden de Santo Domingo, predicando la cuaresma en un lugar del reino de Aragón, le trajeron una joven posesa, y, después de exorcizado varias veces inútilmente, le puso al cuello su Rosario, comenzando ella a dar gritos y aullidos espantosos, diciendo: 'Quitadme, quitadme estos granos, que me atormentan'.  Por fin, el Padre, compadecido de ella, le quitó el Rosario del cuello.

La noche siguiente, cuando el reverendo Padre estaba descansando en su lecho, los mismos demonios que poseían a la joven vinieron a él furiosos para apoderarse de su persona; pero con un Rosario que tenia fuertemente en la mano, a pesar de los esfuerzos que hicieron para quitarselo, los golpeó y arrojó, diciendo: 'Santa María, Nuestra Señor del Rosario, amparadme'.


Cuando a la mañana siguiente iba a la Iglesia, encontró a la desgraciada joven aún posesa; uno de los demonios que estaban en ella empezó a decir, burlándose del Padre: '¡Ah, hermano!, si no hubieras tenido tu Rosario, ya te habríamos arreglado'. Entonces el Padre arroja de nuevo su Rosario al cuello de la joven, diciendo: 'Por los sacratisimos nombres de Jesús y María, su Santa Madre, y por la virtud del santísimo Rosario, os mando, espíritus malignos, salir de este cuerpo inmediatamente.' En el acto tuvieron que obedecer y quedó libre la joven."


Obras de San Luis María G. de Monfort, BAC, 1953, página 355.

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