Los errores y problemas son parte de la vida del hombre.


11 Apr
11Apr


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Momentos difíciles, problemas, errores y dificultades son parte de la vida del hombre, parte fundamental de la experiencia, que bien utilizados e impulsados son un medio para adquirir la santa virtud de la humildad, la fe y la confianza en Dios Nuestro Señor. 

Errores y problemas todos los hemos tenido, independientemente de su origen: falla personal, traición, insidia del demonio, o lo que fuere; son una cruz que bien llevada pueden acercarnos a Dios, para lo cual es fundamental la fe verdadera, el conocimiento de la doctrina católica, y la actitud de la persona. 

Un error grave en la vida lo puede hundir [perder la fe católica, odio contra Dios, depresión permanente, perder las ganas de vivir, desesperación, etc.], o puede ser el medio para un crecimiento espiritual, conociendo la miseria humana, nuestras propias debilidades, para acercarnos a Dios en una vida de gracia, oración y entrega. 

Me atrevo a decir que los errores o fracasos son un verdadero bien para el alma, tiene muchísimas ventajas en beneficio de la vida espiritual, pero se requiere una fe verdadera, coraje para afrontar responsabilidades y dejar de culpar al universo mundo, mente abierta, actitud positiva con toda la confianza en Dios Nuestro Señor para vivir santamente, levantarse cuantas veces sea necesario. 

"Septies enim cadet justus, et resurget: impii autem corruent in malum". "Porque siete veces caerá el justo, y se levantará: mas los impíos se precipitarán en el mal." Proverbios XXIV, 16. 


Consideraciones 


1º El fin del hombre.

El hombre es creado por Dios Nuestro Señor para amar y servirle en la presente vida, para ver y gozar en la eterna gloria, "Et creavit Deus hominem", Y crió Dios al hombre. Génesis I, 27; desde la fe católica, un fracaso, error o desgracia no impiden que se pueda alcanzar la salvación eterna, por lo regular es un gran golpe al amor propio, a la presunción de creerse el mejor. 

En el lenguaje del mundo, los fracasos son una verdadera desgracia, y considera que solamente el hombre adinerado, con salud robusta, con amigos y bienes terrestres es bienaventurado, lo cual es una verdadera mentira, por la cuál muchos se han privado de su vida, han tomado un camino contrario a su salvación eterna. 

"El lenguaje del mundo no le hemos de oír, porque es todo mentiras, y muy perjudicial para quien las creyere". San Juan de Ávila, "Audi, filia, et vide", capítulo 2.



2º La vida del hombre en la tierra.

El hombre se encuentra en la vida presente en una prueba, donde por su libre voluntad alcanzará su salvación o condenación eterna, en base al cumplimiento de los mandamientos divinos o a su incumplimiento; muy al margen de sus éxitos o fracasos materiales. 

"Quid enim prodest homini, si mundum universum lucretur, animae vero suae detrimentum patiatur?" ¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? Evangelio de San Mateo 16, 26.

Por lo cuál la vida del hombre es milicia por su salvación eterna, constante lucha por alcanzar su salvación, contra los grandes enemigos: mundo, demonio, carne; combatiendo día y noche, sabedor que el demonio piensa en cada momento en su condenación eterna: "Ningún otro deseo tiene el demonio, ningún otro negocio, ningún otro empeño que perder nuestra alma." San Bernardo.

'Militia est vita hominis super terram' . La vida del hombre sobre la tierra es milicia. Job VII, 1.



3º El pecado es el verdadero mal en la vida del hombre.

Independientemente de los motivos, circunstancia el pecado mortal es la muerte del alma, la puerta del infierno, la ruina de la felicidad, ¡el verdadero mal es el pecado, no los errores o fracasos! 

¿Por qué se le tiene horror al fracaso en cuanto no lleva ganancia terrena, alabando al tiempo muchos pecados que tienen un beneficio humano?

El pecado es la ruina de la vida espiritual, la puerta por donde entra Satanás en la persona, en la familia, en la sociedad.

"El pecado ha entrado en el mundo traído por el hombre, habiendo sido seducido éste por el diablo envidioso [Romanos 5, 12; Sab. 2, 24]; en definitiva es, pues, el diablo, el origen del pecado. Del pecados se derivan la muerte y las funestas secuelas de la muerte, por consiguiente, hasta la seducción diabólica. Todo pecado está, en relación con el diablo. En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original.Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 274. 

'Stipendia enim peccati, mors.' El estipendio y paga del pecado es la muerte. San Pablo a los Romanos VI, 23. 


4º Rezar el Santo Rosario, vivir en gracia de Dios.

La verdadera ocupación del hombre es amar y servir a Dios Nuestro señor, lo cuál se traduce en el cumplimiento de los mandamiento de la ley de Dios: "Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras." Evangelio de San Juan XIV, 23. 

Ocuparnos en amar a Dios es nuestra ocupación, es el motivo de nuestra existencia, el fundamento de la vida del hombre, porque de ello depende la salvación o condenación eterna.

El católico debe despertar, sacudirse el lenguaje perverso del mundo, las máximas que atrofian la razón; el verdadero mal es la condenación eterna por el pecado mortal. 

Para lo cuál aconsejamos asegurar nuestra salvación eterna por la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, mediante el rezo atento, despacio del Santo rosario todos los días, con la intención de alcanzar nuestra salvación eterna. 

"Absolutamente nada se nos concede, según la voluntad de Dios; sino por María". Papa León XIII, Encíclica 'Octobri mense', 22 de septiembre de 1891.


"El Beato Alano de la Roche, el P. Juan Dumont, el P. Thomas, las crónicas de Santo Domingo y otros autores, que fueron de ello testigos oculares, refieren un gran número de conversiones milagrosas de pecadores y pecadoras, que después de veinte, treinta o cuarenta años en el mayor desorden, nada había podido convertirlos, y se convirtieron, no obstante, por esta maravillosa devoción [el Santo Rosario]" San Luis María G. De Montfort, El Secreto del Santo Rosario, rosa XL.  



Dios le bendiga.






Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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