Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Muchos pecadores no se entregan a Dios, no se deciden a rezar el Santo Rosario todos los días, porque tienen una fuerte debilidad, una pasión, una situación compleja, que 'hic et nunc' [aquí y ahora] se les hace imposible seguir a Cristo.

Pero no hay rechazo a Nuestro Señor Jesucristo, por el contrario, creen en su poder, pero, aunque suene ilógico, son honestos con ellos mismos y saben que no tienen la fuerza para dejar el pecado. 

En su pensamiento humano, pero de recta intención, no quieren ofender más a Dios, con una falsa entrega; es decir: saben que están en pecado y no tienen la fuerza para dejarlo y entregarse a Dios Nuestro Señor, y dicen a sus adentros: yo quisiera ser bueno, pero no nací para ello porque estoy atado al pecado. 

Anotaciones 

1º Hermano pecador, Dios vino por lo que se había perdido, por la oveja descarriada: "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino pecadores."  San Mateo IX, 12.

2º Haz lo que puedas hoy, mañana Dios proveerá con las gracias necesarias para que te entregues totalmente, Dios sabe lo que necesitas, ahora sólo quiere tu recta intención, que le ames y con todas las fuerzas de tu corazón le pidas perdón, le muestres tus heridas y le digas: 'no puedo Señor, soy un pobre pecador sin fuerzas, atado al mundo, pero te quiero amar con todas las fuerzas de mi pobre corazón. 'Miserere mei, Deus: secundum magnam misericordiam tuam' [Ten piedad de mí, oh Dios, por tu gran misericordia].

3º Rezad el Santo Rosario, con santa y piadosa intención, implorar la misericordia de Nuestra Señora, la Virgen Santísima; desde el fondo de tu corazón pide las gracias, la fuerza que necesitas para no pecar; y por favor, ten paciencia, no te desanimes, persevera y con el tiempo la Madre de Dios te irá fortaleciendo, con paciencia, con mucha paciencia.

"El Beato Alano de la Roche, el P. Juan Dumont, el P. Thomas, las crónicas de Santo Domingo y otros autores, que fueron de ello testigos oculares, refieren un gran número de conversiones milagrosas de pecadores y pecadoras, que después de veinte, treinta o cuarenta años en el mayor desorden, nada había podido convertirlos, y se convirtieron, no obstante, por esta maravillosa devoción [el Santo Rosario]" San Luis María G. De Montfort, El Secreto del Santo Rosario, rosa XL. 

Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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