Navidad con el corazón contrito y humillado.


Queridos hermanos, estamos en la víspera del nacimiento del Santo Niño Jesús; tiempo de gracia, caridad, humildad.

Debemos tener cuidado, porque el mundo, demonio y carne, nos confunden llevándonos a lo exterior, a la calle, a la disipación, a los excesos.

Compras, prisas, calle… ruido por todas partes, el alma se desgasta fuera de Dios y de su apostolado.

El impedimento para recibir las bendiciones es el pecado mortal, procura confesarte bien [si está en tus manos], sino, al menos arrepientete con todas las fuerzas de tu corazón, y pídele a Dios que te ayude a cambiar, a ser muy bueno, muy santo.

¿Verdad que te gustaría hacer una buena confesión?, verdad que sí, háblale a quien tiene mucho que le guardas sentimientos contrarios, y si no es mucho pedir, apártate de los demás y dile al Santo Niño Jesús que te cambie, que te haga de nuevo...  que te de fuerzas para resistir a la tentación…

No te impacientes hermano pecador, ten calma, quita poco a poco lo que te separa de Dios, quita lo intrascendente, el ruido y podrás escuchar mejor la voz de Nuestro Señor en tu corazón. 

La soledad y el silencio nos ayudan tanto a encontrarnos a nosotros mismos, a ver la vanidad del mundo, a encontrar el camino perdido.

Qué ironía, hoy como hace dos mil años, no hay lugar para Dios: 'Y dio a luz a su Hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada…' ahora tampoco hay lugar en muchas almas para arrepentirse de corazón, para recibirlo… 

Santo Niño Jesús, te pido con todas la fuerzas de mi pobre corazón, por todos mis hermanos pecadores, aunque débiles, con deseos de paz y de amor de Dios.

Bendícenos Señor Jesús esta Navidad, bendice nuestra vida, nuestros hogares, nuestra mente y nuestro corazón. 

Dios te bendiga.

 

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