No confundir el estado de pecador con la mediocridad.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 

Queridos hermanos, no os sorprenda el ver malos católicos, la valentía de los malos, y el combate permanente contra la Iglesia Católica.

La obra de Dios siempre será combatida, la dificultad estriba en las personas, una gran mayoría de mediocres que en todo buscan el beneficio personal, sea con Dios o con el diablo. 

Hoy, como en todos los tiempos de la Iglesia, se requieren católicos profesionales, con verdadera convicción, a saber:

  • Conocimiento de la doctrina teológica eclesiástica: el credo.

  • Devoción verdadera a la Santísima Virgen María.

  • Fortaleza para combatir al mundo, al demonio y a la carne.


Una cosa es ser pecador, y otra muy distinta ser un mediocre:


1º Pecadores es propio de la naturaleza. 

El hombre nace en pecado original, "Si dijeremos, que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros." 1ª de San Juan, I, 8.


2º Pecadores que luchan.

Pocos son los que verdaderamente luchan por vivir en gracia y amistad con Dios, con visión, con método; con la conciencia clara de naturaleza caída, ubicados en la tremenda guerra que vivimos cada día, luchando con inteligencia, fortaleza, por el reino de Dios. 

"Si confesáremos nuestros pecados: fiel es y justo, para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." 1ª de San Juan, I, 9.


3º Pecadores mediocres.

La gran mayoría se amparan en las miserias humanas, en la condición de pecadores para justificar su mediocridad, su falta de convicción y determinación para hacer las cosas bien hechas. 

Esta inmensa mayoría de mediocres, sirven al demonio con su aparente imparcialidad, buscando en todo sus intereses particulares: ahora son católico, ahora protestantes, ahora librepensadores. Muy buenos para criticar, señalar y justificarse; pésimos, inútiles para construir, para dar ejemplo de vida, para hacer las cosas bien hechas. 

"Mas porque eres tibio, que ni eres frío, ni caliente, te comenzaré a vomitar de mi boca." Apocalipsis de San Juan, III, 16.


4º El buen combate.

Ánimo hermano pecador, a vivir con alegría, con inteligencia, con pasión en la obra de Dios.

El pasado déjelo en manos de Dios Nuestro Señor,  ubíquese en la realidad conociendo la doctrina católica, rezando santamente el piadoso Rosario de la Bienaventurada siempre Virgen María, dando el buen combate de Dios.

No por miedo, no por huir del infierno imitando a los mediocres que siempre son: cobardes, temerosos de Satanás, pusilánimes, soldados huyendo por miedo a morir en combate.

Combatir en el Ejército de Dios es una vocación, en el lugar que la Divina Providencia tenga para cada uno, sin buscar reconocimientos honores; simple y sencillamente alistarse en la milicia de Dios con sabiduría, ser católico real y verdaderamente, no un 'chimolero' [chismoso] "que nada de muertito" buscando en todo la conveniencia.

"Vestíos la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque nosotros no tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra los principados y potestades, contra los gobernadores de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus de maldad en los aires." San Pablo a los Efesios, VI, 11. 

Dios te bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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