No permitas que el pecado destruya tu vida.


29 Mar
29Mar


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


No permitas que se destruya tu vida por el pecado, fuente y raíz de todos los males en la vida del hombre:  'Stipendia enim peccati, mors.' El estipendio y paga del pecado es la muerte. San Pablo a los Romanos VI, 23. 

En cualquier género de vida, circunstancia y época, la presencia del pecado es la señal de decadencia, destrucción y ruina de la persona, de las instituciones y de los pueblos, sencillamente porque el pecado es el reinado de Satanás en la vida del hombre.

"El pecado ha entrado en el mundo traído por el hombre, habiendo sido seducido éste por el diablo envidioso [Romanos 5, 12; Sab. 2, 24]; en definitiva es, pues, el diablo, el origen del pecado. Del pecados se derivan la muerte y las funestas secuelas de la muerte, por consiguiente, hasta la seducción diabólica. Todo pecado está, en relación con el diablo. En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original.Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 274. 


Consideraciones. 


1º El hombre existe para ser feliz. 

El autor de la naturaleza humana es Dios Nuestro Señor [Et creavit Deus hominem ad imaginen suam; "Y crió Dios al hombre a su imagen" Génesis I, 27.], con una finalidad especifica: "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma." San Ignacio de Loyola. 

Cuando el hombre cumple los mandamientos en cualquier circunstancia, época y condición alcanza su realización; en la pobreza o en la riqueza, en la salud o en la enfermedad, en la adversidad o en la bonanza, cuando el hombre cumple los mandamientos alcanza la plenitud en su vida.

"Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura." Evangelio de San Mateo VI, 33. 



2º El pecado es la ruina de la vida del hombre. 

El pecado en el inicio de la infelicidad en la vida del hombre, el origen de los problemas, porque el pecado es la transgresión de la ley del autor de la vida, que más allá de una reglamentación o de hacer la vida imposible al hombre con mandatos, viéndolo de una manera objetiva, los mandamientos de la ley de Dios son las reglas de la felicidad, son la protección del hombre, son en verdad la clave para ser feliz. 

Dónde hay adulterio, robo, asesinatos, mentiras, excesos, difamaciones, necesariamente habrá problemas; por lógica los mandamientos convienen al hombre, quien los guarde será una persona feliz. 

Pero como el hombre tiene una rebeldía natural, una inquietud alentada por Satanás por apartarse de la ley de Dios con el pretexto o argumento de usar de la libertad, cuando la realidad, es que el hombre más libre es el que no está esclavizado al pecado.

"Dos amores construyeron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio a Dios hizo la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de si mismo, la ciudad del cielo. La una se glorifica a sí misma, la otra se glorifica en el Señor." San Agustín de Hipona, 'La Ciudad de Dios' XIV, 28 .



3º Una lucha permanente al interior del hombre. 

El hombre en la presente vida se encuentra en una prueba permanente, donde se determina su destino eterno: cielo o infierno, en base al uso de su libertad, de su amor a Dios Nuestro Señor que se manifiesta o demuestra en el cumplimiento de los mandamientos divinos.

"Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras." Evangelio de San Juan XIV, 23. 

El hombre es un compuesto de alma y cuerpo, donde se origina una rebeldía, una lucha entre el espíritu y la carne: 

"Porque la carne codicia contra el espíritu: y el espíritu contra la carne: porque estas cosas son contrarias entre sí, para que no hagáis todas las cosas que quisiéreis... las obras de la carne están patentes: como son fornicación, impureza, deshonestidades, lujuria, idolatría, hechicerías, enemistades, contiendas, celos, iras, riña, discordias, sectas, envidias, homicidios, embriagueces, glotonerías y otras cosas como estas, sobre los cuales os denuncio, como ya lo dije: que los que tales cosas hacen, no alcanzarán el reino de Dios. Mas el fruto del espíritu es: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad..." San Pablo a los Gálatas V, 17.



4º La devoción verdadera a la Santísima Virgen María.

Procuremos con dedicación, inteligencia y esmero la salvación eterna de nuestra alma, que es la felicidad permanente, la cual podemos alcanzar con rezar cada día el Santo Rosario de la Bienaventurada siempre Virgen María, procurando rezar despacio y de rodillas al menos una parte. 

Es en el Santo Rosario donde el hombre recibe muchas gracias o fuerza para vivir en gracia, para disfrutar de la vida presente, para alegrar la vida en las circunstancias particulares de cada uno. 

"El Beato Alano de la Roche, el P. Juan Dumont, el P. Thomas, las crónicas de Santo Domingo y otros autores, que fueron de ello testigos oculares, refieren un gran número de conversiones milagrosas de pecadores y pecadoras, que después de veinte, treinta o cuarenta años en el mayor desorden, nada había podido convertirlos, y se convirtieron, no obstante, por esta maravillosa devoción [el Santo Rosario]" San Luis María G. De Montfort, El Secreto del Santo Rosario, rosa XL. 


Dios te bendiga.







Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.