No queráis amar al mundo.


Amados hermanos, vivimos en el mundo, pero, no somos del mundo, no estamos para siempre en éste lugar. 

Dios Nuestro Señor, nos instruye, vivir en el mundo para santificarnos con las mortificaciones y penalidades de cada día, tratando de cumplir los santos mandamientos; aprovechar nuestras miserias y pecados, para sacar fruto de humildad, de arrepentimiento, de santo temor de Dios. 

San Ignacio de Loyola, nos dice: Usad del mundo, tanto cuanto nos sirva para la salvación eterna, dejar el mundo, tanto cuanto nos impida la salvación eterna; de tal manera, que la medida para usar el mundo es lo que nos acerca o aleja de ser buenos y santos, del cumplimiento de la ley de Dios. 


"No queráis amar al mundo, ni las cosas mundanas. Si alguno ama al mundo, no habita en él la caridad o amor del Padre; porque todo lo que hay en el mundo, es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia u orgullo de la vida, lo cual no nace del Padre, sino del mundo. El mundo pasa, y pasa también con él su concupiscencia. Más el que hace la voluntad de Dios permanece eternamente.” 1ª Epístola de San Juan, II, 15.

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