No se desanime, mejor póngase a trabajar.


05 Feb
05Feb


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



La perfección en la vida espiritual es obra de la gracia de Dios unida a la fe verdadera en un alma que hace todo para alcanzarlo, que persevera, se fortalece y llega a la plenitud de su vida.  

Algunas almas se conforman con no pecar, lo cuál es importante, pero solo es una parte de la obra de santificación, es necesario el cumplimiento de sus deberes de estado, de su aportación material y espiritual a la generación en que vive. 

Debe tener una visión más amplia, independientemente del lugar donde se encuentre en este momento, así sea el peor momento de su vida espiritual, con las peores caídas, Usted puede levantarse para alcanzar la perfección espiritual, sirviendo de experiencia, de impulso las miserias actuales. 

Surge qui dormis, et exurge a mortuis, et iluminabit te Christus. "Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo." Epístola de San Pablo a los Efesios V, 14.


Consideraciones.


1º Usted puede cambiar.

La situación actual de su alma no es para siempre, va a cambiar si Usted se esfuerza con inteligencia, si Usted se aplica a frecuentar la sagrada confesión, a rezar despacio [con atención] cada día el santo Rosario, si desde el fondo del alma implora la gracia y la misericordia de Dios Nuestro Señor. 

El grave problema de la santificación del católico es que no hace nada por cambiar su realidad, que espera autoflajelandose a que Dios le arregle su vida, que ha caído en una pereza espiritual donde sólo enumera todo lo malo que le ha pasado, sin resolverse a cambiar con inteligencia, voluntad y gracia su vida, sus amistades, su entorno, sus costumbres.


2º Actitud positiva.

Agradezca a todas la personas que le hicieron su vida imposible, ellos le han ayudado a crecer, a conocer la miseria humana, déjelos y adelante, siempre adelante.

Deje de buscar culpables, alejese de la gente mediocre y tóxica [todo es difícil, no se va a poder, es que naciste así, etc.]  y sea realista en buscar un objetivo claro, para lo cual deberá esforzarse, buscar de mil maneras como alcanzar la plenitud espiritual, como ser realmente un católico excelente, fundado en la gracia de Dios, en la doctrina verdadera, en su amor a la Santísima Virgen María, y en su esfuerzo personal al 100 por ciento. 

"Los mayores santos evitaban cuanto podían las compañías de los hombres, y elegían el vivir para Dios en su retiro." Imitación de Cristo I, 20, 1.


3º Empiece hoy, no el día de mañana.

No bastan los buenos deseos, es necesario hacer las cosas que nos corresponden cada día, cada hora, cada segundo; aprender a vivir en este mundo anticristiano, conocer nuestras miserias, y sobre todo, aprender a levantarse de las caídas; porque hay una epidemia de católicos que no hacen nada, que buscan culpables, y esperan con ansias el fin del mundo para descansar. 

La vida espiritual requiere inteligencia, dedicación, esfuerzo diario, constancia, aprender a levantarse de cada caída [hay personas que de una caída no se levantan en toda su vida, o se asustan ante la tentación y viven con miedos, temores.] Cuantas veces tenga que levantarse hágalo con inteligencia, busque la ayuda de Dios, estudie cada caída, su entorno, su indiosincracia, sus amistades, su vida y costumbres. 



4º Rezar cada día el santo Rosario. 

No es sólo la oración, es la vida entera, es la gracia unida a la voluntad determinada de la persona a cambiar de vida; recurrimos al auxilio de la Santísima Virgen María para implorar su misericordia dispuestos a poner todo de nuestra parte, a hacer cuanto sea necesario para alcanzar la perfección espiritual, a reformar nuestra vida y poner lo ojos en nosotros, en cambiar; no caer en el error de querer cambiar el mundo entero.

"Pues bien, repetimos, afirmamos y proclamamos que tenemos cifradas nuestras mejores esperanzas en merecer por el rezo del Santo Rosario los auxilios que necesitamos" Papa León XIII, Encíclica: "Iucunda Semper", Septiembre 8 de 1894.


Dios te bendiga.





Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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