No te confundas, el objetivo es salvar tu alma.


06 Dec
06Dec


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Queridos hermanos, recordemos que nuestra patria es el paraíso, nuestra vida en el mundo presente es momentáneo, termina con la muerte para vivir eternamente en el cielo si correspondemos al fin de nuestra existencia: amar y servir a Dios Nuestro Señor mediante el cumplimiento de los santos mandamientos.

El catecismo nos instruye sobre tres grandes enemigos de nuestra alma: el mundo, demonio y carne; los cuales hacen alianza para separarnos del cumplimiento de los santos mandamientos, por eso escribe San Ignacio de Loyola: “Las cosas de éste mundo fueron dadas al hombre para que le ayuden a conseguir su fin ‘que de ellas tanto debemos usar cuanto sirven al fin, y tanto dejar o quitar cuanto nos impiden’.” Ejercicios espirituales.

“No queráis amar al mundo, ni las cosas que hay en el mundo. Si alguno ama el mundo, la caridad del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, es concupiscencia de carne, y concupiscencia de ojos, y soberbia de la vida: la cual no es del Padre, sino del mundo. Y el mundo se pasa, y su concupiscencia. Mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.” 1ª Epístola de San Juan II, 15. 


Consideraciones


1º Estamos en el mundo, pero no somos del mundo.

Por voluntad Divina vivimos en el mundo, pero nuestra patria es el paraíso, vivimos en una constante prueba entre el cielo y el infierno, nuestro objetivo en los días presentes es amar y servir a Dios Nuestro Señor, salvar nuestra alma mediante el cumplimiento de los mandamientos.

La vida presente es una prueba de amor, de fidelidad y de sumisión a la voluntad Divina, que se traduce en las obras de cada día, en la fe verdadera, en el estado de gracia; por ello es un arte vivir en el mundo para salvarse, vivir en el mundo sin contaminarse, corromperse y condenarse por grave descuido del fin de nuestra existencia. 

Vivimos en el mundo, pero no es nuestra patria eterna, no es lugar de descanso, es el momento de merecer combatiendo por el reino de Dios Nuestro Señor primeramente con el estado de gracia en nuestra vida, tener la inteligencia de aprovecharse del mundo para nuestra salvación eterna, pero no cometer el grave error de hacer alianza, acuerdo de ser el amigo de todos: amigo de Dios, del mundo, de los hombres, de la carne y de Satanás, que en ello se encuentra un gravísimo peligro para la salud espiritual.

“No te ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, así como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos con tu verdad. Tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mi mismo, para que ellos sean santificados en verdad.” Evangelio de San Juan XVII, 15.


2º El objetivo es salvarnos en este mundo.

Nuestro objetivo en el mundo es la salvación eterna: alma salvada todo esta salvado, alma perdida, todo se ha perdido… Por este motivo no permita que sea una angustia, desesperación o preocupación el tener dinero, honra, fama, aceptación, salud física, dotes naturales, y demás cuestiones que pueden ser útiles, pero no dejan de ser medios de condenación o salvación eterna. 

“Luego mi fin no son precisamente las riquezas, los honores, las delicias; representar un papel brillante en el mundo, lucir, gozar, sino principalmente y ante todo SERVIR A DIOS; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere que le sirva.” San Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales.

Lo fundamental en la vida del hombre es amar y servir a Dios Nuestro Señor, para ello se necesita la fe verdadera, es decir la fe que Dios ha revelado y depositado en la Santa Iglesia Católica, fe que se debe guardar íntegra; cumplir los mandamientos de la ley de Dios, apartarnos del pecado mortal, vivir en gracia de Dios, frecuentar los sacramentos y crecer día en día en la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de nosotros los pecadores arrepentidos.


3º El peligro del mundo.

El mundo como enemigo de la salvación eterna, habla con mentiras, con verdades a medias, de vivir en “paz”, sin problemas, ser tolerantes, minando imperceptiblemente el fin y motivo de nuestra existencia. 

“Las cosas se deben medir por cuanto le ayuden o estorben a la consecución de su último fin, se sigue que, considerándolas en sí mismas por su respeto y amor no debe inclinarse más a unas que a otras, cualesquiera que sean.” San Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales. 

El católico se preocupa o entristece cuando quiere ser bueno con todos y le es imposible, cuando tiene que ceder en todo y no se le apoya en nada a su salvación eterna, por el contrario se le combate silenciosamente.

El mundo presente es sumamente peligroso, se vive en una apostasía casi general, una educación oficial contra Dios, una legislación política contra Dios, finanzas fundadas en el pecado de la usura, una sociedad que le ha quitado los derechos a Dios Nuestro Señor y a la Santa Madre Iglesia.


4º El peligro de nuestra vida es el pecado.

El verdadero mal del alma, de la familia, sociedad y universo es el pecado mortal, la transgresión de la ley de Dios; el pecado es la puerta por donde entra Satanás, la reincidencia en el pecado es la esclavitud del alma al poder de las tinieblas: "El estipendio y paga del pecado es la muerte." Epístola de San Pablo a los Romanos VI, 23.

"El pecado ha entrado en el mundo traído por el hombre, habiendo sido seducido éste por el diablo envidioso [Romanos 5, 12; Sab. 2, 24]; en definitiva es, pues, el diablo, el origen del pecado. Del pecados se derivan la muerte y las funestas secuelas de la muerte, por consiguiente, hasta la seducción diabólica. TODO PECADO ESTÁ, EN RELACIÓN CON EL DIABLO. EN TODO PECADO, EL HOMBRE SE DEJA INFLUENCIAR POR EL SEDUCTOR ORIGINAL." Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 274. 

La gran incongruencia, ignorancia, o locura es pretender ser bueno en pecado mortal, amar a Dios en pecado mortal, salvarse sin la fe verdadera, fundados en el estado anímico, en los sentimientos, concibiendo la vida espiritual en un estado sentimental, en convicciones personales al margen o en contra de la fe verdadera, de la doctrina revelado por Dios Nuestro señor. 

"Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras." Evangelio de San Juan XIV, 23. 


5º El Santo Rosario.

Procurar asegurar la salvación eterna mediante la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, para ello es muy aconsejable estudiar, leer y meditar el libro de San Luis María G. de Montfort: “Tratado de la verdadera devoción”, para distinguir la verdadera de la falsa devoción, con el fin de instruirnos, de tener ideas claras, exactamente que es la verdadera devoción a la Bendita Virgen María.

Procure en su casa tener un pequeño altar, conforme a sus posibilidades materiales en honor de la Madre de Dios, un reclinatorio, donde cada día ofrezca de rodillas [de preferencia] el rezo del Santo Rosario, donde alcanzará en su perseverancia las gracias necesarias para su salvación eterna y el remedio de sus necesidades en los días presentes. 

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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